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O DOMK E: IVL p r lí tomo quinto de la cuarta serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós, ha despertado u n vivísimo interés por el nombre del caudillo que le sirve de título. El conde de Liicena se destacará entre todos los generales españoles de la pasada centuria por sus laureles de África, y entre todos los políticos por los cinco años de dominación de la Unión liberal. Hablar de O Donnell es hablar de glorias militares que nos entusiasman, de armonías entre el orden y la libertad que proporcionan bienandanzas; es recordar un período de hombres de talento y de mujeres hermosas, en que circulabs. el dinero, se hacían buenos negocios, y en el que? el comercio no e. staba descontento, y la gente, en general, se divertía. Fué aquel período en España lo que el segundo Imperio en Francia, y si después han venido catástrofes y desdichas, consecuencia de imprevisiones y ligxrezas de entonces, el noiubre del político y del caudillo se ha salvado por lo inesperado de su muerte y por la ingratitud, que le hizo una víctima interesantísima. Sólo cincuenta y ocho años tenía O Donnell cuando bajó al sepulcro, y murió en el Extranjero, después de haber ganado en favor del trono la memorable jornada del 22 de Junio de 1866. El porvenir le reservaba todavía grandes empresas, pues todos le solicitaban cuando murió, y esto aumenta los prestigios de su nombre ilustre en la vida pública y modestísimo en la privada, pues no fué ostentoso, ni amigo del lujo, ni derrochador de dinero, sino un buen burgués amante de su esposa, metidito en casa cuando no se trao DONÍÍF; LL taba de hacer política, y que seguía complacido los preceptos de la plácida tranquilidad ensalzada por Horacio. Su señora Doña Manuela, contra lo que creyó la malicia de su tiempo, tenía más de la perfecta casada de Fray Luis de Eeón que de la Mad. RoUand engolfada en su política, y jamás, impuso su voluntad á su esposo. El libro de Galdós es como la presentación del lienzo y el bosquejo de las primeras líneas preliminares del gran retrato de la importantísir ma figura del siglo xix; pero estos preparativos están hechos con tal primor, que seducen y cautivan el ánimo. El tipo de Riva Guisando, al que hemos conocido hasta hace poco en su decadencia, pinta la época en que pudo desarrollar sus excepcionales cualidades de artista genial de buen porte, de la buena vida y del buen comer, y Teresita Villaescusa, que era en lo femenino lo que el notabilísimo D. José representando el sexo feo. En resumen, que el maestro D. Benito h a escrito un libro amenísimo, palpitante de interés, y que nos da idea de la época en que vivieron en plena juventud y lozanía las damas retratadas por Federico Madrazo, y los hombres que se batían en los campos de batalla, jugaban en el Casino, pronunciaban discursos en las Cortes y escribían notables artículos en los periódicos. Época en que se amaba, se conspiraba y se gozaba, y se iba con igual facilidad á Ultramar con un bríen destino, que á la emigración por una conspiración sin éxito, pero en la que no solían faltar las monedas de oro en los bol. sillos. KASAEAI. n O N A M. ANUFÍ. A i