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4 ím si 3 í i 5 í L I Kiv FÍLIDK E: LjLO TiTro ONOCiDÍsiMO es de todos los aficionados al arte arquitectónico y de muchisírtios turistas y viaje ros el convento de San Miguel de los Angeles, en tierra de Barros, en Extremadura. No existe en España muestra más bella del estilo latino- bizantino, más vulgarmente conocido por románico. El ábside de la iglesia y su portada lateral, á la que se llega pasando un atrio que resguarda un muro coronado por doble fila de leones, harpías y bichos fantásticos, son, según doctísimos dictámenes académicos, de lo mejor que se hizo en el siglo xi. Pasado el pórtico, no se entra derechamente en la iglesia, cual suele suceder en otros templos, sino en un portalón ó zaguán con las paredes encaladas del todo, salvo que recientemente los jalbegues han respetado el bellísimo arco escarzano que da paso al interior de la basílica. Sobre este arco, de hondo y complicado intradós, que parece ir sumergiéndose en tierra como boca de mina, suelen los curiosos reparar en la forma negra de un objeto vago, viejísimo allí; algunos piden explicaciones; otros, los más prácticos, piden una escalera, y al subir por ella y ver de cerca el objeto se convencen de que es la piel de un enorme caimán de la especie alligator hícius, de Cuvier; es decir, no un caimán disecado y relleno de paja, sino amojamado, reseco ó cecial. Acercándose bien, se le ven los dientes de abajo encajados en la mandíbula superior, con lo cual, quien sepa dos jemes de Zoología, desde luego certifica que se trata de un caimán americano de Florida ó de Luisiana y no de un cocodrilo egipcio. Si al visitante acompaña cierto sabio arqueólogo que suele andar por aquellas tierras hambriento de cazar infelices turistas á quienes hacer víctimas de su ciencia, no dejará de decir que aquel caimán fué enviado como presente gratulatorio al convento de franciscanos por uno de los acompañantes del Adelantado Hernando de Soto, si es que no fué por el Adelantado mismo, desde las orillas del río que los indios llamaron Meschabecé y hoy denominamos Mississipí. Pero si el viajero es hombre de escasa fe humana y concede más asenso á los dichos de los pastores y de las viejas que a l a s opiniones de los sabios, de seguro que prestará oídos á otra leyenda que por aquellos lugares se conserva respecto de la procedencia é historia del caimán, que no es caimán, según las viejas y los pastores, sino un lagarto, u n lagarto que mide cuatro varas muy cumplidas desde la punta del hocico al extremo de la cola. Y la historia es como sigue: Allá, hace muchos años, mucho después de la guerra contra moros, pero mucho antes de la guerra contra franceses, hubo en el convento de San Miguel de los Angeles un santísimo fraile valenciano, llamado fray Vicente Manes, famoso por las mortificaciones y penitencias crueles que se imponía. E l olor de su santidad se extendía por toda Extremadura y aun llegaba á los reinos de Castilla y de Portugal. Muy grande era también la fama de su sabiduría. Decíase que de Francia y de Italia y hasta de las tierras de herejes luteranos habían venido los doctores más bárbaramente sabios en punto á Teología y otras ciencias eclesiásticas para conferir y disputar con fray Vicente, y que todos ellos ha-