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GEWTE EnUDA g; Otro os contará la historia del niño feliz que se llamó Wolfgang Mozart, adorado por sus padres y admirado por el mundo entero desde la edad de. tres años ó cuatro; niño prodigio sobre cuya cabeza llovieron las bienandanzas y los agasajos basta que fué hombre. Yo, en cambio, quiero referiros los primeros años de la vida de Luisito Beethoven, niño cuyo nombre y obras acaso no conozcáis todavía, pero ya llegaréis á oirlos; ¡y desdichados de vosotros si no los oís! porque el hombre que no ha tenido ocasión de oirías sinfonías de Be thoven es, sin duda, mucho menos hombre que quien las ha oído y gozado. Luisito Beethoven fué un niño muy desgraciado. Nació en Bonn e 17 de Diciembre de 1770. Bonn era una pequeña ciudad de Alemania, con una vieja y negra catedral, muchas iglesias, un gran paseo de castaños y, al final de éste, un hermoso palacio, donde solía habitar el elector de Colonia. Kl padre de Luisito Beethoven era un borrachín, á quien los señores canónigos de la catedral respetaban y conservaban en su puesto de tenor de capilla por consideración á la memoria de su padre, que fué maestro organista de la misma catedral. Pero, como digo, el padre de Beethoven era un borrachín; volvía á su casa beodo; pegaba á su mujer; maltrataba á Luisito; el hogar aquél era un infierno. Y Luisito, que era un niño de conciencia recta, estaba siempre muy triste. Querían los padres que Luisito fuese músico, lo mismo que su padre y que su abuelo; pero en vez de inclinarle con suavidad y cariño á esta afición, trataban de obligarle á palos y á golpes, forzando y violentando su naturaleza, y el chico le tomó rabia á la música; y así se dio el caso extraño de que el padre de la imísica, como se h a llamado, con razón, á Beethoven, la tuvo extraordinaria ojeriza cuando niño, y no quería que le mentasen siquiera las notas de la escala. ¿Comprendéis vosotros que el músico más grande que ha existido en el mundo tuviese odio á la música en sus primeros años? No, no lo comprendéis, ni yo tampoco; y lo que creo ver en esto es que á los niños no se les debe obligar á golpes ni torcer su vocación natural, pues por hacerlo así el padre de Beethoven, faltó poco para que nos quedáramos sin el mejor músico que ha existido, sin el que más tristezas ha consolado y más alegrías producido. Una prueba de esto que digo es la siguiente: El padre de I uisito Beethoven quería que su hijo aprendiese el piano, ó mejor dicho, el clavicordio, pues no había aún pianos entonces. A Luisito no le gustaba nada ese antipático y duro instrumento, y no se acercaba á él sino después de haber recibido algunos- coscorrones. Era lo contrario que Mozart, todo suavidad y dulzura, y que, además, fué un gran f OS G R A N D E S C H I C O S I LUISITO BEETHOVEN pianista desde los cuatro años. Y luego, Mozart era un niño precioso, y por eso llamaba más la atención, mientras que Beethoven, el pobre, era un niño feo, ceñudo, con la boca de oreja á oreja, las narices aplastadas y los pelos rebeldes y tiesos; y como la gente es tan estúpida que atiende y mima á los niños bonitos y no hace caso de los pobres niños feos, ni siquiera gozó Luisito Beethoven esas caricias que se hacen por gusto á los pequeños cuya cara recuerda las de los angelitos de los cromos y estampas. No gustaba, pues, Beethoven del piano, y prefería tocar el violín. Su padre le regañaba p o r esto, sin comprender ni prever las maravillas que, ya hombre, había de hacer Luisito escribiendo música para violines, violas y demás instrumentos de cuerda. Y sucedió una vez que Luisito estaba solo en su cuarto ejecutando en el violín, no lecciones ni ejercicios, sino Dios sabe qué cosas que le pasaban por la cabeza. Y en un rincón del aposento había una telaraña; y qué tal sería la música que Luisito improvisaba en su violín, que la diligente araña abandonó su trabajo (ya sabéis que las arañas no descansan nunca) y se corrió por la pared para escuchar mejor al gran artista, Esto se repitió varios días, y uno, al entrar de improviso en la habitación la madre ó el padre de Luisito Beethoven, vieron al niño improvisando en el violín con los ojos llenos de lágrimas, y á la araña, suspendida de un hilo, columpiándose de gusto en el aire al compás de la dulce melodía. Y como gente borracha y de mal genio, el padre ó la madre, ó quien fuese, dio un escobazo á la araña, y la mató. Luisito, al ver que se quedaba sin el único admirador de sus obras, se encolerizó hasta el punto de hacer añicos el violín. Esto os mostrará cómo algunas veces vale más la opinión de un animalito de los que la Naturaleza cría, que todos los empeños y testarudeces de los hombres. DiBUJO DE J FRANCÉS