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GEMTg A E t i ü b A HISTORIETAS NATURALES IviL CIOtJE MiL Í H S un animal que h a nacido para aca démico. ¿La habéis visto con qué solemnidad, con qué grave reposo va andando por los prados, cerca de los charcales ó de los arroyos? Parece uno de esos personajes imponentes que revestidos de ricos y ostentosos uniformes, y tranquilos porque cobran un sueldo terrible, solemos ver marchando á pasos lentos y desdeñosos en algunos entierros y ceremonias oficiales. ¿No os habéis fijado? La cigüeña parece que tiene cinco ó seis mil duros anuales de renta ó de sueldo. E s el animal más sosegado del mundo: y su tranquilidad puede servir como ejemplo y como regla de vida si aspiráis á ser personajes de gran respetabilidad, consejeros de Estado, senadores vitalicios, directores generales, etc. etc. Para ello es indispensable hacer lo que la cigüeña. De todas las aves, ella es la única que no canta. Nadie ha oído cantar á una cigüeña. Va andando silenciosamente, y gracias á su silencio y á la forma aplanada de sus pies, á la chita callando, coge de improviso á los sapos, á las ranas, á los escuerzos y demás bichitos de los lugares húmedos ó pantanosos j bonitamente se los engulle por docenas, sin decir esta boca es mía. Cuando ya está bien repleta, hace la digestión colocándose sobre un pie, la cual es u n a excelente costumbre que os recomiendo si queréis ser algo en el nrundo, pues quien sabe estar á gusto en un pie es capaz de todo. En fin, cuando va á repantigarse en el nido es el único momento en que la cigüeña... no canta, pero al uienos machaca los ajos, como dicen en los pueblos, produciendo con su fuerte y colorado pico aquel extraño ruido clac, clac, clac, mientras echa la cabeza y el largo pescuezo para atrás, refregándose el l o m o regalonamente; ni más ni menos que un señorón, bien comido y satisfecho después de tomar su café, se retrepa con toda comodidad en su sillón de propietario ó de accionista del Banco y coge entre mandíbula y mandíbula un puro soberbio y arroja el humo, considerando compasivamente á los demás mortales... y sin hacer siquiera clac, clac, clac, clac. Xa gravedad, la calma y el no decir nada son cualidades admirabilísimas de la cigüeña y del hombre. Ellas conducen á ambos bípedos á los más altos puestos, pues y a sabéis que las cigüeñas anidan en las torres ó en las árboles más eminentes. Ved cuan satisfecha de sí misma se manifiesta en todas las ocasiones l a cigüeña. Cualquiera diría que acababa de hacer un descubrimiento útil y salvador y que se lo callaba para evitarse molestias. Mirad luego á las cigüeñas reunidas en sociedad; fijad bien este espectáculo en vuestra imaginación para cuando seáis mayores. Viene á ser lo mismo, como ja os he dicho, que una sesión académica. Todas las aves (los patos, los pavos, las gallinas, etc. cuando se juntan en comunidad cloquean, cacarean, arman una gran algarabía. Las cigüeñas, no. Se juntan, se miran unas á otras con aire altanero, no dicen ni hacen nada provechoso, cobran... unos cuantos sapos ó ranas ó escarabajos, y después dan unos brincos m u j poco graciosos y levantan el vuelo. Las cigüeñas, como los hombres, son monógamas, es decir, que cada cigüeño tiene su cigüeña, y nada más. El cigüeño y la cigüeña se aman tiernamente y crían á sus hijos con esmero. Tienen asimismo gran reverencia y veneración á sus padres. Constituyen, pues, el modelo de la familia perfecta. Por esa razón son respetadas en todos los pueblos civilizados. A nadie que no sea u n malhechor se le ocurre matar una cigüeña. Además, estas aves tienen la carne muy dura y desabrida. Amemos y respetemos, pues, á la cigüeña, como vienen practicándolo todos los pueblos desde los Siglos más remotos; ella nos da grandes enseñanzas para la vida feliz; ella es, como suele decirse, uno de los fundamentos sociales.