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JALliüGAXno V AIJUriFAXnil J A f pcriicÍ 6 n ile jalbepiífT j K ES titia di? píir las mujeres ücí ícilíodm. se practicali. i con t- 1 niisíno t iitiipiivsino Í IK: híiv OTI los tiempos ác Marco líruto y en otros anteriores; y asi ooiuo liny vemos en todos l o s p u o bloM de Antlnliicia y en nuTchos de a Mancha y d e Castilla la Xneva á las m as y- i las viejas m n y afanadas con el eubo de la cal y la caña del jalbefrue. lo niismn se veini en los dichosos siglos d e Horacio á Jas jovcníTielas y á l is ancianas de h í víHas v casas d e campo desde R o m a á NApfiIes. particularmente en esta época di: año, albuíttc (de d o n d e vinojV -Tír; las paredes, cant ind o alegremente, con los brazos d e s n u d o s el sayo remangado iin trapajo cualquiera resguardando d e salpicaduras el pelo, y las m o r e n a s nicjilL- is ó en la frente, tal cnal estrella ó chorreoncito d e cal a p i c a r a n d o el rostro risueño, I ii Ivspaña se j a l b c c a b a antes d e los i loroSf porque las iiecesiiíadcs del vivir son a s cjue crean las costumbres, y desde Itn ticm jos más antiji uos era sabido q n e la blancura de las paredes rechaza IO Í rayos del sol y refresca la casa, A lemáíi, los romanos, q u e tcni an u n glínto nuiy s e n s u a l d e b t a i i puslar, como g u s t a m o s nosotros, de la indecible voluptuosidad q u e p r o p o r c i o n a el olor fuerte y acre de la cal en verano. Pero no hasta Tcfres ar las paredes t n estos niescj de ard ir; es menester refrescar l a n i b i é u el suelo, y ytar: eso invent- Tron los moros la ialabrii u! i i f con ijue se desíí; na el p e d a o dt. -m a n t a de algodón ó lana d e s t i n a d o á fregar el pavíuícnto. La operación d e aljofifar e menos poéticaf pero m u c h o m á s peligrosa y alarnjantc p a r a el espectador, p u e s t o que eu ella se v e elaru aquel antiquísimo parentesco entre la serpiente y la mnjtir. Sí l.i aljoíHadíira tiene un cuerpo ga llardo y cimbreante, iSan n l o n i o bendito nos valga y ¡mal afiü p a r a todas las a l m e a s y ba aderas innsmifs du vmtre, que lian s calderas de Pero llotero á Ij- LUtas b u t n a s bilmas! V veEisc por qué secretos y contradictorios c a m m o s conduce la Virtud á los hombres, l n a vez q u e la casíi ct ¡tá bien j a l b e g a d a y bien aljofiíiida y q u e se ent o m a n las puertas, persianas y cancelas para qui no se escape, sino Í) V viq nepor los aposentos el g r a t o olor d e l a eal mezclándose con el del ladrillo mojado, parece como si se apoderasen del ánimo las ideas m i s puras y se inclinara el espíritu a u n misticismo ensoñador delíeiusu q u e suele lieí enerar en siesta regalon t. Porque debemos l e n t r por indudable que la humedad es mística y la sequedad ascética.