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PRIMERAS MEDALLAS Exposición de Bellas Aries de 1904 LAS OBRAS PREMIADAS A ciiPTEMOS el hecho consumado cíelas Exposiciones oficia les, aunqne, á la verdad, cada vez se ve menos claro su valor estético y menos cierta su influencia educativa. Lógica y artísticamente es imposible, no apreciar, ni siquiera enterarse en un mes de lo que valen más de dos mil obras artísticas ó con pretensiones de tales. La costumbre y las condiciones del Reglamento fuerzan á que se juzgue solamente coít ios ojos lo que debiera ser objeto de más elevada atención y de más refle. xivo examen. Así á nadie deben maravillar los patentes. errores del Jurado: lo extraño es que no se hayan vuelto locos los señores que le componían. Criterio fijo, ya se ve que no han seguido ninguno, y esto se dice en son de elogio y no de censura, pues si todos los dogmatismos son malos, p é s i m o s son los MANITKI. BRNEHITO d o g m a t i s m o s en Apunte al lápiz por él mismo materia de arte. El Jurado ha concedido recompensas á los artistas nuevos que traen algo original é inesperado; ha reconocido los méritos de los que ya gozaban fama, aun cuando éstos no hayan demostrado gi- andes progresos; y hasta ha premiado con mano generosa valías modestísimas de jóvenes que parecen haber nacido viejos, ó que á los viejos procederes se aferran como si estuviesen metidos en un claustro, sin saber si hay más vida ni más aire en que volar. E; xaminando ahora las obras premiadas, comenzaré por hablar del cuadro de Benedito, á mi inicio, el más importante de la Exposición. Ya se ha dicho en varios lugares que io presentado por Benedito no es más que el trozo inferior del cuadro. Faltan las figuras de Dante y Virgilio, que debían coronarle, pero este cuadro sin Dante es el más dantesco de cuantos hemos visto, inspirados en la Di- vina Comedia. Se trata de pintar la avaricia humana, y allí están todos los avaros: el avaro del céntimo y el de los millones, la vieja garruda q u e a r a r l a el ochavo entre monRAMÓN C. SA! tones de miseria, y Apunte al ííipiz por él m i s m o el poderoso hebreo denegras barbas y cara de escriba que tiende los brazos con ansia de abarcar entre ellos la inmensa bola del mundo convertida en oro. Ha -caras estúpidas de cicateruelos miserables, caras ladinas de usureros redomados, caras agresivas de financieros corruptores. Una mujer de enigmática expresión les anima á proseguir amontonando, amasando las doradas esferas. En son de burla se ha querido llamar á este cuadro el de los escarabajos; la burla resulta ser una verdad profunda, la misma que el autor se proponía presentar plásticamente. Eso son los avaros y han sido siempre, los escarabajos de la humanidad. Su fiereza no es inferior á la de esos inmundos animales, cien veces más feroces que el león y el tigre. ¿Habéis visto luchar á dos escarabajos? No hay Homero que pinte su saña: se arrancan las antenas, se quiebran las patas, sesalta los ojos... En el cuadro de Benedito, unas manos y unos pies de un homl) re cuya cabeza no se ve, hacen garra en el montón de oro con una violenta furia que sólo en la Naturaleza, en algunos animales inferiores se halla. Estas son cosas de las que no se pintan colocando un modelo delante, de los que no se improvisan en un momento, de las que no se preparan escenográficamente, K. MARTÍNEZ Ajjuntc al li iniz por él misrnü