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I Z L A MUüEJ Y LA CASA TOILETTES DE CARÜE AS IVro siempre ha de ser el Grand prix de Longchamps en París ia tradicional fiesta que sirva á las señoras y señoritas españolas, como á las de t o d o el mundo eleg a n t e p a r a darse cuenta de los nuevos impulsos y de las recientes creaciones de lamodainternacional. Nosotros los espapañoles (y también las españolas, n a t u r a l mente) pecamos de excesivamente m o d e s tos y humildes. No nos concedemos importancia y creemos que somos unos infelices, condenados á perpetua imitación de las modas extranjeras, lo cual es una verdadera lástima. De lo contrario tuvimos ocasión de convencer- rriendo las tribunas 3 la peloiisse, que lasi- ieñüras y señoritas allí congregadas tuviesen que envidiar el gusto para vestir, ni la elegancia y el lujo de las parisienses. Como p r u e b a de ello y para particular recreo d e n u e s t r o s lectores é instrucción de nuestras lectoras, obtuvimos l a s fotografías q u e ilustran esta plana. Vese en ellas cómo se formaron verdaderos bouguets de mujeres elegantes y hermosas, espléndidamente ataviadas con vestidos y sombreros primaverales blancos, azules, rosas. Suponemos, y aun aseguramos, que entre ellos habría algunos vestidos hechos por los famosos modistos de París, pero tamibién habría bastantes nos el mes pasado, con motivo de las carreras de caballos y del Concurso hípico celebrados en el iíipódromo de Madrid. Nadie podría decir, reco- que hubiesen salido de los talleres madrileños, en donde unas veces imitando y otras veces sin imitar, se hacen obras de mérito, gusto y eleg- ancia. Fots. Muñoz de Baena