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d t cpouei iiic á t u s dcí iísuios, auii. uf í i i t n m caprichosos, ve cu: iiid (í fjuitras, v lleva siempre cotitífí tsUiraj: sin m á s prcvciuirin i ¡uc una; si abrt -s la caja, no podrá- i v e r á LÍ- IC palacio ni nic verás ya TKITU luy Afctisiina tuTnó en s u s manos la cajítan rjnc erít de la iict: ra OMii tres lorlii i í ¡ncrusU dns fin ámenle tíi la lapa, y sujeta ttii Í- I AÍI por im coríióu úe neda. y oon i.i cnja en las m níts, promclírj KolemncmenIf p o r su síihirl y p o r los áos divinos k a m í c s lí- ina ihí ó Ijíniíiiníí. n o perder la caja ni abrírlji: dicho lo ciial meliúsc de tiiievo t- ri su harea. ipie parceía unfl lumba. y reqiiiritudo los remos, sin i ran cansatieio ntrat p r o n t o en la bahía de Scntlíiy y pis (5 g o l o s o las d o r a d a s arenas de la playa quc le viií nacer. M u y luc o, al contento sucedíú el asombro. Qué h a b í a ocurrido duríinle sil ausencia? D 6 nd e estalla hi mansión patcni. -il Dónde el pueblecillo de pescadores cti pie A t u s i m a unk. iera P ó n d e el bosgnecillo de nni ales, moreras y hadsías en f iiejn; ara ciin ndo niño? Nada de esto se veía; sólo el arrogúelo dnndc en otro liompo laviiban la ropa l a niujenic- i del pneMo sfjrin nieticndo c en t i mar cautándolo en voz lénne la canción He su merti nado caudal; y á lo lejos, laí moijiiiüas, y más largn, d o m i n a n d o el horiiorile, la pelada erjmhre dfl Fnsliiyama, con su eterno airón ÓL- liuuíti vcdcanico... Aknsima viú un hombre y le pref unlií cnanto anMíiba sabefKl hombre se q u e d ó aíiombrado; nunca oyera b a l d a r d e Aknsima, d e s u s padres ni del pueblo, l,l amó ií un viejo muy viejo que p ¡íreeíit COUTO SÍ quisiera d e s a r m a r s e al ínl, y el viejo, después d e pensarlo m u c h o recordó que había oído decir á su bisabuelo que su ibne 1o le había hablado de ini tal AUusima, nescador. que m u r i ó abo íado, y de s u casa y de su familia, pero q u e la hist jria ó cuento erü cosa l- in vieja, tan vieja, que hacía d e aquello yii más de trescientos aiios, Al oir esto, el alma d e Aknsiuia se llenó d e sombras, y reflexionando y llorando cayó en la cuenta d e q u e tal v e el palacio de los Draíjones. con s u s p a r e d e s de c o r a b y sus árboles de esuiL- ralda. s, y sn peces d e lata, y s u s d r a g o n e s t o n colas d e oro, n o era acaso sino ou palacio e n c a n t a d o ó d e cuento d t íiiidat y q u e eu él un día debía de ser l a r p í como un año en la tierra; por lo cual, los tres años i i u e h a bía pasado allí s u m e r p d o en todas la: delicias fnerou trescientos aiios ierres I re ín porcjue la íeliuidad consume y í c t r a g a los años, m i e n t r a s q u e la desdicha va d d a t á u d i d o s c n a n t o es poMble. Y pcnsaTido esto, decidió volver al lado de la querida princesa puesto que ya á su país natal uo le libraban afectos ni intereses. Mas sucedió q u e con t a m a ñ o s t r a s t o n i n s y t a n r a r a s impresiones, h a b í a olvidado el camÍTirf Volvióse á su bnarca, iuterro; íando. mudoH al estrecho aarcófa; o. Ocurrióscle entonces abrir líi cija d é l a princesa, creyendo que acaso allí se contendría el secreto d e la verdadera vía. Abrióla, pues y iu ¿creeréis que salió d e la caja? Una ligera y endeble nubécula de h u m o iKnlado, que p r o n t o se p c n l i ó sobre t i Océano. Hl cuitado Akusima corrió tras ella, r e m ó dcsesperailaiuenlt, nuploraudo, ¡limieudo. JÍUtonccs recordó que abierta la cajni, ya n o podía volver al luRar d e JÍU ventura. P e r o al JJOCO ratn sintió que sU voz se bíteía má. s endeble y m á s apaírada, h a s t a cxt ¡nj; u ¡rse del t o d o al mibUio tiempo temblabaiT íius piernas y se enflaquecían, al p u n t o de dar con él en el suelo: mientr, i5 tanto, su espinado se encon- aba, le rehilaban las manos, y al caer d e bruces j u n t o al arroyo vio en el candido cristal que s u cara se b a h í a llenado d e a r r u g a s y q u e en la cabera no le quedaban sinoflácií os mechones de e i bellos blancos. A pocc (s u s (kjos perdierou la luz, se cerraron, quedó m u e r t o en la ribera del arrnyuelo... Hstc es el cuento q u e narran las madres j a p o n e s a s en Xípon, en Xícoco, en Uso, en KÍU Sín, p a r a ensexiar i s u s hijos á ser obedientes y á no intentar t r a s p a s a r los umbrales del mi terio. V al terminar, invocan á los kamies divinos I a n a h í é I a n a m i p a r a o u e dejen caer sobre las caber a s d e los ptqvieñnelos la bendición que p a r a vosotros pido. tUllUJOP l- fc l A t l D A H Ú Trrt liCCTÓ 73 Jriini: i4 írtíojaJ i neiJí HATO lltOGAWA