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9 m llICrónica 6 ráfícalll J p I jueves más grande del año, según la frase proverbial, ó la fiesta del Santísimo Sacramento, sigue celebrándose en toda España con ostentación y lucimiento tan grandes como en los días felices, ya lejanos, de nuestro poderío y prosperidad. Toledo, Valencia, Granada, Cádiz, compiten en lujo y suntuosidad al celebrar esa fiesta, la más neta y genuínamente católica; la que se refiere al misterio mayor de la religión; la que preocupó tanto en el siglo de oro á teólogos- dramaturgos como Calderón, Tirso y el maestro Valdivielso. Convencidos los valencianos, los toledanos, los gaditanos y los granadinos, según parece, de la profunda verdad que encierran aquellos versos del autor de La- vida es sueño: Que en el día del Señor era cada cascabel de un danzante, silogismo contra ol apóstata infiel, no vacilan ni un momento en combatir la impiedad reinante, organizando vistosos festejos, procesiones, funciones de fuegos artificiales y corridas de toros, y á todos esos holgorios concurren y convidan á los forasteros, abaratando los trenes y transportes, con lo cual, si la fe gana mucho, tampoco el comercio pierde nada, y se realiza aquel discreto refrán que dice A Dios rogando y con el mazo dando. 1,0 único que se echa de menos en todos los programas de festejos del Corpus que hemos visto este año es un espectáculo que resultaría, á más de muy culto y artístico, muy edificante, y por ello nos permitimos proponérselo á los organizadores de tales fiestas para el año que viene: es la representación de un auto sacramental de Calderón ó de I ope, con todo el aparato escénico que esta clase de obras requiere, y que en tiempos de aquellos dos grandes genios de nuestro teatro no comprendemos apenas cómo se emplearía. Un empresario que tuviera el acierto de preparar bien tan curioso y cristiano espectáculo, de seguro obtendría pingües beneficios; pero claro es que el auto sacramental no había de representarse en el teatro ni de noche, sino de día y al aire libre, en corral ó plaza cerrada, como fin de la procesión, con todo el accesorio de gigantones, cabezudos y música de gaita y de cuerda para mayor amenidad. Mucho celebraríamos que alguien recogiese y aprovechase esta idea para el año próximo. 1 0 digamos que festejo, pero espectáculo divertido sí que lo constituye la oresencia de la escuadra norteamericana del almirante Jewell en el puerto de Tánger. A la hora en que escribimos estas líneas no ha ocurrido nada grave sino que, á consecuencia del secuestro del subdito j anqui Sr. Perdicaris por el bandido riffeño Raisuli, han ido presentándose en aquel puerto el Olimpia, el Baltimore, el Cleveland, y se espera á nuestros antiguos conocidos Indiana, el MittneapoUs, el lowa y otros tales, de infelice recordación. Ha. sta ahora los americanos se han limitado á hablar con Sidi Mohamed Torres, lo cual es una de las cosas más inútiles de este mundo. Espéranse grandes acontecimientos. GRANADA. LA PROCESIÓN D E t CORPUS CERISTI PAS. ANDO POR EL ZACATfX Fnl Lorenzo fníínn