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otra vez hasta flotar entre las espumas y las largas cintas de las algas, bajo el sol alegre. Un júbilo, inocente, profundo, originado por el desconocimiento del mal y de la muerte, reinaba en el universo. Ante aquel espectáculo hermosísimo, Brahma y Visnú sonrieron deleitados. El mismo Siva olvidó por un instante la crueldad necesaria de su naturaleza, y permaneció inmóvil. Agradecida á los dioses, la tierra hizo subir hasta ellos aromas de flores, gorjeos de pájaros. Buscáronse los seres, ansiosos de caricias; las corolas desfallecieron repletas de polen, y desde los húmedos abismos de las aguas hasta el más enhiesto pico de los montes resonó un dulce lamento, una queja apasionada. Los ojos de Brahma se posaron con deleite amoroso sobre aquellas criaturas que e. -ítrajo d é l a nada; luego se humedecieron al ver el horrible gesto de Siva, que se aprestaba á destruirlas. La bondad de Brahma quiso alargar un instante más la dicha de que gozaba la creación, y deteniendo el ademán destructor de Siva, concedió á todos los seres ese momento de felicidad ab. soluta, no turbada por la presciencia de la muerte, cuyo recuerdo no nos ha abandonado desde entonces. Para justificar aquella debilidad, Brahma habló así: Deten, terrible Siva, por un instante el golpe de muerte con que amenazas mi obra. Deseo que antes de morir alguno de los seres creados por mí me adoren todos, reverencien á su hacedor. Venid, ordenó. Abandonad vuestros goces, vuestras tareas, los sitios donde os coloqué. Llegaros todos ante mí. Adoradme, ensalzadme, puesto que sois míos y mía es la partícula de vida que os anima. A la orden de Brahma, todos los seres se precipitaron ante su creador con empuje formidable. Todos, mezclados los pacíficos con los hostiles, los grandes con los pequeños, se amontonaron delante de Brahma, adorándole. De la muchedumbre nacían rugidos de fieras, cantos de aves, aletazos de peces. Cada animal expresaba su adoración conforme á la naturaleza de que le dotó el creador. Contemplando aquel tumulto, Brahma, lleno de alegría por tanto amor, tornóse á Siva. Mas el dios terrible sonrió señalando á la tierra, y Brahma vio que en el globo desertado por sus habitantes una abeja zumbaba sobre los cálices, una hormiga corría desolada entre las hierbas y un hombre vagaba por los prados. El creador se entristeció contemplando aquellos tres seres que no querían adorarle. Mas deteniendo el gesto de Siva, que se disponía á aniquilarlos, dijo con voz potente, dominadora, que oyeron todos, los ingratos y los agradecidos: Vivid, creced, llenad el mundo, seres que saqué de la nada. La muerte, los dolores, los males amenazarán vuestros días, pero sólo responderéis de los que os correspondan á vosotros solos. Andaréis por el mundo sin preocuparos de los sufrimientos de vuestros semejantes, sin que su porvenir os entristezca ni os abrume el pasado de cuantos fueron antes que vosotros. Sólo los tres seres que no quisieron adorarme, la negra hormiga, la abeja rubia y el hombre, sufrirán por ellos y por los suyos. No se bastarán á sí mismos. Les será imposible vivir en vuestro aislamiento. Les mortificarán los dolores de suS deseen dientes, las penalidades de sus antecesores, y serán des graciados en el presente, en el pasado, en el porvenir. i Después, Brahma desapareció, y mientras los animales, agradecidos, se dispersaban alegres y sin cuidados, los tres seres ingratos buscaron á t sus semejantes, y desde entonces la hormii ga, el hombre y la abeja viven en sociedad con los suyos y por ellos sufren. LEMA: FILIDOR (KÚMÜRO 15 DE L EST lO CONCURSO DE CUENTOS l- XT. 4 STIC 0 S) OHiLjOS DE REGIDOR