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ba leyenda de la hormiga A NTE el mundo vacío de seres, Brahma el creador se recogió en sí mismo. Tras él y ocultándose entre nubes, Visnú el conservador y Siva el aniquilador esperaban. Luego que pasó su meditación, Brahma extendió una mano deseando que la árida superficie de la tierra se cubriese dé verdor, y aquel deseo se cumplió en el acto. Por todos sitios, colgando de las rocas, tapizando los llanos, uniéndose en los bosques, nacieron las plantas, los árboles, los musgos, y pronto sobre el follaje espeso sonrieron las flores. Brahma J; se recreó un instante en su obra, mientras Visnú dejaba caer el rocío, entibiaba el ardor del sol con brisas suaves y Siva desataba los huracanes sacudidores, dejaba rodar los granizos. La vida y la muerte comenzaban á luchar. Después de haberse deleitado en su creación, Brahma deseó que las selvas, los valles, las aguas, los aires y las profundidades subterráneas se poblasen de seres. Y extendiendo otra vez la mano creadora, pareció sembrar gérmenes de existencias por los cuatro puntos del horizonte. Bajo aquel gesto fecundante, la tierra y las aguas hirvieron en vidas, que se concretaron en las formas más diversas. 151 deseo omnipotente de Brahma no se detenía en apariencias determinadas, y los seres más distintos nacían mezclados unos con otros en confusión extraordinaria. Sobre los caparazones rugosos de los cocodrilos y los escudos de las tortugas, flotaba la gracia de las mariposas, de los pájaros pequeños, revolantes y multicolores, mientras en el mar saltaban peces lucientes y plateados y entre los valles de las olas dormía la negra muchedumbre de los cetáceos. Por cima de las selvas pasaban triángulos de grullas, bandos deslumbradores de cotorras, parejas de tórtolas y de palomas unidas en blando volar, y en lo alto, casi invisibles, se cernían las águilas, los buitres, todos los dominadores del aire. Por los árboles bullía la inquieta turba simia, saltando de rama en rama, gesticulante y burlona, y bajo ella pasaban, lentos y majestuosos, con callado pisar, los gualdos tigres, los leones, los leopardos mosqueados, las hienas grises, los osos peludos y tardíos. En las llanuras y en los valles pacían las graciosas cabras, el caballo, las ovejas quejumbrosas, los antílopes medrosos, y en medio de todos, la roca viviente del elefante emergía de entre las hierbas altas, ondeando su trompa serpentina. Sobre las flores zumbaban las abejas, por entre las gramíneas corrían las hormigas; al fin el hombre nació. Brahma había concluido su tarea. Todos aquellos seres vivían confundidos y mezclados sin atacarse ni hostilizarse. Las especies más distintas fraternizaban, y sobre el haz de los estanques flotaban los cisnes, sin temor á las águilas, mientras en las ramas rugosas de los árboles se movían los ondulantes cuerpos d é l a s sierpes junto á los pavones irisados. Entre las gramíneas, los lagartos reposaban, sin perseguir ni atrapar á las abejas doradas que zumbaban tranquilas sobre las flores. Filosófico y grave, el sapo se movía con pausa, y los coleópteros no huían á su vista. En la inmensidad del mar reinaba también la paz. Los peces resbalaban suavemente entre las aguas, y descendiendo á los abisiuos profundos donde las conchas abrían sus valvas y el coral florecía sus ramos sin temor á enemigos, tornaban á subir