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-Jx j t 7 j 9 y en la calle de la Flora entre un señor de buen porte j una gentil vendedora, Aica de costumbres sanas de clase muy modesta, que vende por las mañanas naranjas en una cesta. Ve á la joven el señor, mira el fruto valenciano, nace elogios do su olor, lo acaricia con la mano, y dice; Qué rica frutal No hay ninguna qua la iguale, La mejor es sin disputa. ¡Caracoles, lo que vale! Su forma externa es benita, agradable es su color, su zumo es cosa exquisita y no hay refresco mejor. Yo, al menos, así lo creo y en mis elogios soy justo. Cuando las naranjas veo me vuelvo loco de, gusto. jT éstas son buenas, ehlquital ¿Acaso llevarás, cien en la cesta? ¡Dios permita que las vendas pronto y bien -No tienen pipas y estoy segura de que son raras. A pesar de eso las doy á perra chica. ¿Son caras? ¡Qué han de ser, si son mi eneantol- -Pues lléveme una docena ya que las elogia tanto y halla su clase tan buena. ¡Mucha gratitud las debo! -Pues ¡qué diantre! si es así, llévelas... ¡Cá, no las llevo! ¡Si no me gustan á mí! ¿Qué no le gustan á usté? Entonces por qué me ha dicho... -Voy á decirte por qué tengo por ellas capricho. Las aprecio tanto yo, porque mi suegra en la Granja precisamente se ahogó con un cacho de naranja. PÉREZ ZÚÑIGA DIBUJO DE XAUDARÓ