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SOBRE UNOS APUNTES DE EMILIO SALA P s necesario tener la mano sutil é inquieta que sólo tienen las almas, para poder robar al ensueño y á la vida esas figuras adivinadas y lejanas que flotan en el fondo de nuestra fantasía como ideales místicos, como versos con alas, visiones de sensualidad y de quimera fragante, gracias de forma, que dejamos ir de nuestra misma niebla á la niebla de los jardines y de los campos. Estas iniciaeiones que no vuelven, sueños de actitudes y de- gestos, elegancia de miradas, el aspecto ideal de la figura humana, lo fugitivo, que tantas veces se borra y se pierde en la nada 5 en la sombra... todo esto, tan vago y tan velado, es p a r a e l artista como un tormento 5 una rebeldía, algo que se quiere y no se puede, que se busca y no se encuentra; algo que finge, que atrae y que desilusiona. Los cuadros son la obra muerta de, los grandes y verdaderos artistas; eso de condenar el alma á la niauo, da sus naturales resultados, y el alma toma su venganza. Cuando el alma quiere volar, no denepedir permiso a l a ironía de la carne. Pues bien; los grandes artistas tienen su vida y el tesoro de sus inquietudes en bocetos, en manchas de color, en apuntes, galanuras fugitivas que apenas son, que parece que no se están en ningún lado, imprecisas con la inseguridad de lo no pensado, francas y frescas con las primeras apariencias. Yo creo qué el talento de los pintores está en sus fugas de color y en sus lóeos lápices. Tenemos, para oponerla á las penas, nuestra visión de glorias y nubes, nuestra quimera de laberintos y palacios, de canipos y de mares; es el buen remanso del alma, propicio para el desengaño y el invierno, que aumenta con la fiebre hasta el d. elirio negro de la muerte. Y la vida de los poetas y de los pintores está concentrada en ese remanso de consuelos que tiene una barca para cada playa rosa y un fondo para cada suicidio. Estas inquietudes y estas apariciones traen en sí líneas y gestos únicos; y estas líneas y estos gestos, que al fin son soñados, los fija el pintor para siempre con la creencia de que son de la vida. Son ó pueden ser. Nadie ha visto diosas sobre nubes, ni ángeles con alas, ni estos gestos, ni esas mismas desnudeces de pechos ó de muslos. Pero nadie deja de creer tampoco en una realidad sorprendida por otros ojos. Tal vez por esta circunstancia íntima nos sean tan amados estos contomos de seres y de cosas que no conocemos. En nuestra frente llevamos esa vida de fantasmas diminutos. ¿Habéis observado cómo se agranda la frente cuando se sueña? Y vamos por la vida entretenidos en hacer representar dramas y comedias á esas figulinas nuestras, figurándonos complicaciones pasionales, arrebatos románticos, nuestras batallas de ensueño, nuestras galanterías y nuestros desafíos. Son vaguedades que nos dan esperanzas cuando no tenemos pan, cuando tenemos frío y tristeza y sueño. Son dichas de nuestro teatro de ilusiones. Para apuntar bien hay que ser un graxi artista, hay que tener ese fondo dé finura, de precisión, de gracia que viene tras las grandes luchas con la naturaleza; para hacer unos apuntes se necesita mayor alma que para trabajar en grandes y serios telones. Ved estas notas de Emilio Sala. La mano ha acariciado bien al dibujar, y las vidas han surgido de la mano como podrían haber surgido de la frente. Son almas que sueñan y yerran sobre el papel. Tal vez van á desaparecer. Se dijera que llevan alas en las desnudeces ó bajo las capas y los velos; hay en ellas misticismo, pendencia, melancolía, sensualidad y ensueños: elementos de almas de poeta. Lejos el artificio de los gestos fríos y modelados. Estamos en el reinado de los versos que huyen como mujeres, y de las mujeres que se convierten en rosas, JUAN R. JIMÉNEZ