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r ir? h- 4 P, dí 5: -í- s ¿fflíí. vi Es el juglar alto y esbelto. Si corrió todos los caminos de la tierra, debió pasar por ellos como alada sombra, sin cansarse nunca. Hay en él algo de eternamente joven, algo de inmarcesible. Sólo sus grandes ojos negros parecen haberlo visto todo y algo más... parecen tener mil años en el pasado y muchos más en el porvenir. -j i t. ¡Aquella cara... Sí; la princesa recuerda ahora todas las puestas de sol que ella vio desde la ventana- sobre todo aquella última en que una silueta manchó el camino blanco. Y las recuerda sm pena, con una ternura infinita, Y mientras el juglar canta sus gesta. s y trovas, Rosa- Blanca piensa oír la voz que va á revelarle su secreto. No canta el trovador en lengua conocida, pero, por divmo milagro del arte todos lo escuchan arrobados; á los ojos de todos se abren jardines misteriosos y rincones de cielo y de amor. La voz tiene ecos inauditos; su palabra nombra las cosas inefables; es la traducción de los besos y de los suspiros... También lo es de los ayes y gritos de dolor, de las lágrimas; y entonces una gran angustia reina en los corazones. Pero pronto el poema vuelve á su tema de amor favorito, triunfante. La princesa no puede dormir, v sueña despierta con las canciones de su trovador. Alta noche; sueño, misterio, pavor á través de las anchas galerías del palacio... La princesa, sola como un ángel per dicio en la tierra, llora de amor y de ternura, y en su delirio llama al juglar dos veces por su nombre. -Aquí estoy, -le responde la voz inefable. Y la silueta del apue, sto cantor se alza ante ella. No sintió miedo Rosa- Blanca; no sintió miedo, sino amor, y dijo: -Yo quiero que me enseñes tus canciones. Sería en vano; no podrías cantarlas. Ae ¿ttí no pueden aprenderse. -Llévame á tu país; al país donde se ama de ese modo. -Yo vengo de muy lejos... Mi país no tiene nombre. -Yo iré contigo hasta el fin. -Es más allá... -Iré... porque yo te amo. Una sonrisa muy triste se dibujó en los labios del joven. -Tú eres la hija de un rey. Aún puedes ser dichosa afui. Adiós. -No me abandones. No podré ya amar á nadie. -Ven, -y besó los ojos unaRosa- Blanca. A la mañana siguiente, de horrible noticia cundió por el palacio y convirtió en luto las galantes fiestas. La princesa había aparecido muerta en su camarín. Sus labios sonreían aún, pero sus ojos azules se habían cerrado para siempre. Del juglar nadie volvió á saber. Aquella tarde nadie vio morir el día desde la ojiva del castillo. Pero esta vez dos sombras se pintaron en el camino sobre el medio disco del sol poniente: una obscura silueta de bardo errante y un blanco, esfumado perfil de la princesa medioeval. LEMA: B A J O- R E L I E V E S DE C O U L L A U T V A L E R A FIAT- LUX (NÚMERO 1 4 DE NUESTRO CONCURSO DE CUENTOS FANTÁSTICOS)