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f ÁCINAT IINFANTÍLE 7 íRu NT 07- COr (CUR 707- tHnTORíETAT E s t e es un niño q n e no tíftic nada ilcc uaponi de dí; anlc. Hdijcadón, sota A CTOARKA Y posee la qiit le ila un m. ic- stro li; en unni csciiclii d t lo barrios bajos I, H Q R j n O A LlviiiJ: i. Tse, se llauííi Tibnrcío: ¡yn vi? is Í (UI; nombre trin feo! TibUTcIo sabe leer, escribir, siuiiar rcslnr, iimllíplicar y ü v i d J r por dos sjiiariMJlos. Sabe ade em. L ra otra ciencia, qnc es la jn. i i difit ü de todas: la d e aprender á aco. starjüe siil c: í: n, i. r eiiando no lo hay. TiUnrciu es i or cousi un hoinbrecíLo difípiíestn á Uicliar. con ntnL. liLi ahna por la vidaTibnrciti va á llevar la cmnítla á sn pn. drct q u e es oficial único de n n a barbcn. -i. barata en el barrí: del Pacífico. A pe ar del ambiente proiaíeo y triste q u e le rodea. Tibiirrío es aliío poeta, coma deben serlo todos los niños. -Dcsconíiad d e I O Í niños nne no anuin el sol. el cielo, la florea: desconfiad d e los niflos qnc no Iineltn la violeta y el jazmín; de Ion que n o corren í alrapar ln maripo ia; d e los que no persignen al vilano; d e los cine no se paran á ver pasar la lunsícs! Va sabe de sobra. Tibnrcio qnc en el Retiro no se pncde entrar IJevandíi n n a cesta al braxo, pero lanibÍL- n conoce el medio ck elndir esta prohibición. Si le p r t y u n l a un í narda, dirá q u e Ilesa la conní da á i i n obrero de la Villa q u e está trabajando j u n t o al Ob: et valurio. y así p o d r á c m x a r todo el E Ketiro üxíü anchas, Lo hace, v en un banco tro neíra con un n u m e r o viejo y irrug; ad: to d e un p c n o d i c o ilustrado. Tibnrcio lo reeoíTe porque tiene la manía d e recoger los papeles rotos ¿L- nttros d e las cabes: lo mismo h a cía c n a n d o niño otro pobre honib r e q u e Kc llamó Miguel de Cervantes. J araTibnrcio el hallazgo P pel con nionoíi es n n a íjran Xo vaydis á creer que ye sienU en un banco para leerlo. No: Tíburcio tiene idea mny clara de su di ucr y no se paia ni un moinentii: j i ro, como va a n d a n d o y leyijriiio, se retrasa xm poco y al Ue -ir á la barbería su padre le riñe, repitiéndole la consabida fábula de la cjírarra y la hormilla q n c y a cu la cjcuela íiabía leído Tibnrcio. Por fortuna, e ¡rej ailn es leve, p o r q u e el padre de Tiburcio está jjfí f jti, es decir, arreglando el pelo y la barba ú un señor melen u d o á quien en la vecindad lianiau f ¡f crtti. p a r q u e dicen que escribe versos en los papeles. Al poeta, que, nalnralnicnte, es m n v pobre, le interesa el caso del padre prosaico y del chico aficiou a d o á la poesía. Cabalmente, eran s u y o s os versos que Tibureio acáb a b a d e leer. V el poeta, q u e sólo tenía dos reales para ahuoiv- ar, s t los regala á Tibureio p a r a ¡iiese compre golosiuas y le dice al barbero, q n e fin t oponerse á lan exorbitante proptn -ni lÍQ c usted á la ci ¿r irra qnelm; annobst! quiodlahoniii; a, V se marcha á la coüc, contento óoiUo I.o rcU o el M a g n í n c o de M ú d i c i s pero con nincho mils apetito, V Tibureio cúuiprende por primera vez en su vida q n t no s i e m pre se ilebe hacer caso de los confiejos prosaicos ni de las jnor alejas q u e enseñan los maestros.