Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
COMO VINO EL AMOR. D o R ser cosa que atañe al buen nombre de un pueblo, aunque modesto y sencillo con su negra honrilla como todos, voy á deshacer un error, del que tiene la culpa el gobernador civil de aquella pro incia. Días há anduvo rodando de periódico en periódico un telegrama ciue decía así: Gobernador á Ministro: Acaba de estallar un motín por consumos en Patalalla ia del Pasto. Amotinados agredieron á la fuerza pública y autoridades. Van retirados muchos heridos, entre ellos el alcalde depositario, tres guardas de consumos y el encarg ado del reloj. Salgo para el lugar del suceso. Yo sé por qué y cómo fué el llamado motín por consumos, y voy á contarlo para dejar en buen lugar al noble vecindario de Patalallana, ligeramente atropellado por los ímpetus telegráficos del gobernador. Así son todos. A boca de noche, como por allá dicen, ó entre dos luces, como se dice en todas partes, entró en Patalallana por los caños viejos, donde está el Punto, un mozón de éstos de por San Pedro á San Pedro, quiero decir, un pastor montuno, que saivo extremos casos de necesidad y de urgencia, sólo entran en poblado en día tan solemne y calificado por la Iglesia. Yenía muy arriscado, con un pedazo de peñasco por sombrero, que no otra cosa parecía el suyo, grandes zahones lustralana ceñida á los lomos. Al hombro, en son de patas, y con esto y un garrote de acebn- V: -r. V jj. j dos por las resinas del monte, y una pelleja con rodeos de de alforjas, traía dos chivatos abiertos en canal, trabados che bien criado, se remataba el equipo. El fielatero, que entre otras faltas tenía la de ser cojo, echó el alto al pastor cuando ya iba de pasada, más por ignorancia de la ley que por deseo de infringirla, y así se propuso dar parte de lo que no había recibido. Iba el mozo con mucha z í- y ahinco á contar al ama la juerga que habían tenido los lobos en la piara dos noches antes, y á llevarla aquellos cabritos por si podían consolarla. iVIas al pasar junto á la casa de la señora Rosalía, o -ó ciei to rum rum do bullanga y unos a -es largos y so, stonidos, de que no se espantó por saber que la señora Rosalía era viuda, aunque no reciente. Espantóse luego de oir que con el ¡ay, ay, ay! se entremetía guitarreo y son de palmadas, con otros excesos nada conformes con la viudez, y por unas y otras cavilaciones se arrimó, empujó la puerta con el garrote, y zarandeandoel cuerpo con los cabritos, se fué haciendo sitio hasta ponerse en el cogollo. Allí estaban las personas de viso de Patalallana dispuestas á quitar pesares del ánima á la señora Rosalía; y allí estaba ella harto dispuesta á que se los quitaran, que era de buen ver todavía y con regular hacienda por golosina. No sé si á este respecto se había descolgado por allí un guitarrei o largo y huesudo, acabada su persona en un copete de cerote negro y en dos tufos planchados con palustre encima de las sienes, y todo ello encajado en una cara en que cabría sosegadamente una puñalada de á treinta y seis puntos. No sólo hacía hablar á la guitarra sino que cantando cosas tristes con el contrapunto del ¡ay, ay, ay! ponía á la reunión haciendo pucheros, y más á la viuda, que tenía el corazón muy tierno con las desgracias. En lo mejor de la fiesta entró á empujones el pastor; había silla sosteniendo á tres personas, y en la pieza no cabía un alfiler. Embobado se quedó el mozo, y con el garrote arrimado á los pechos como si lo estuviera criando. Bien pronto repararon en su persona, y rompió el nublado en cuchufletas. -Esta casa se ha ido por sus pies al monte. ¿No oléis á cuajo? -Y bien rancio que es. ¡Qué peste trae el traidor! Hiede á demonios. -Como soy del campo, donde quier me zampo. -Hasta el altar mayor. ¡Qué poca vergüenza! -Tráele una silla. -Siéntatelo en la falda. ¿Con garrote y todo? Mira no te refriegu. e un cabrito- -Sácalo á bailar; ¿no ves que trae zapatillas? -Parece que lo han metido en un zapato: no se ve más que suela.