Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
w r- caen tantas dessjraciadas que se a r r u i n a n inconscientemente? Andrés se proponía siempre tener una explicación con su mujer, pero p- raba la ocasión oportuna; entretanto, como no podía hacer milagros, para satisfacer sus gustos contraía deudas, adquiría compromisos, se rebajaba en su dignidad, perdía amistades y agotaba poco á poco su crédito, sus afectos, sus gustos, para concretarse á servir á la linda personita que lo esclavizaba. Cuando los encontramos, Angela deseaba asistir á una fiesta, y para ello tenia necesidad de hacerse algún nuevo traje y de arreglar algunas de sus joyas. Andrés temblaba al pensar que se vería obligado á pedir dinero, á aumentar sus deudas, y que acaso no lo encontrara y quedase descubierto para su mujer aquel amargo misterio de su doble vida de marido feliz en lo exterior y de mártir del matrimonio en la intimidad de sus penas. -Iremos hoy á escoger ese traje- -decía Angela con indolencia, revolviendo entre sus dedos sus múltiples sortijas de brillantes y sonriendo con su mohín de mujer mimada y caprichosa. -Hoy, hoy... -decía Andrés como quien recuerda- -hoy no puedo; tengo mucho que hacer. -Todos los días tienes que hacer, y el tiempo se pasa... no querrás que vaya peor que ninguna; ya sabes que yo siempre he vestido como la mejor... -Sí, sí- -decía Andrés haciendo esfuerzos para contenerse, en tanto que retorcía nerviosamente su rubio bigote y brillaban de ira ó de temor sus ojOs verdosos; ¡si yo deseo que vayas muy bien; si yo no te lo niego! pero hoy no puedo. -Pues bueno, si tú no puedes, me acompañará papá; después te traerán la cuenta. -No, eso no; ¡no faltaba más... ¿Pero por qué? -Molestar á tu padre... -El iba antes conmigo... -Sí, pero no es lo mismo; yo haré que te envíen muestras, y tú escogerás. ¡Vaya una tontería... Yo estoy acostumbrada á comprar, y no creas tú que voy a prestarme a q u í se me trate así. -Pero, mujer, hazte cargo... -Lo que yo veo es que te molesta todo lo que yo hago; que quieres anularme, esconderme... pues yo tengo costumbre de alternar... -Mira, Angela, me voy; tú estás muy nerviosa y no quiero contrariarte... Y como oyese á Angela que lloraba, se volvió para ofrecerla que tendría el vestido y las joyas, y que sería en la fiesta la más linda y la más elegante. Cuando Andrés se alejó, Angelita sonreía de nuevo. Esta escena se repetía con frecuencia; los caprichos aumentaban cada vez más, alimentados por a debilidad de Andrés, cuya voluntad se anulaba en absoluto ante el carácter violento, orgulloso, dominante de su mujer, cada vez más endiosada, más intratable, más inútil para el hogar y para la familia. Y el pobre muchacho, bueno, dócil, humilde, perdido por aquel torbellino de vanidad que lo arrastraba á cometer mil bajezas; aislado de todo cariño, pues jamás encontraba en su elegante compañera un momento de ternura; humillado por aquella superioridad que no había tenido el valor de rechazar; temiendo siempre, agobiado de desdén, perdido todo ideal de ventura, sin fe en el porvenir ni esperanza de un cambio favorable, se dejó arrastrar de su desesperación, y encargó á una bala que arreglase sus cuentas, ya que él no tenía valor para ponerlas en claro. Los periódicos dieron la noticia del suicidio de Andrés, cuyo cadáver se halló en el Retiro con una carta para su mujer y otra para el juez de guardia. Nadie supo la causa de su muerte, que se atribuyó á un momentáneo accrso de locura. En cuanto á su viuda, pasada la sorpresa seguida de horror que le produjo el suceso, se consagró á confeccionar sus trajes de luto con arreglo á la más perfecta elegancia. PATROCINIO DE D t B U J O S DE M É N D E Z BRINGA BIEDMA