Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
SUPREMACÍA SATANÁS. -ME F I S T O F E L E S SATANÁS ¿Quién eres tú que arrebatarme intentas el imperio del mal? ¿Tú, que engendrado por la actual corrupción que representas, hoy en mi trono secular te sientas y me arrancas el cetro del pecado? ¿Quién eres tú, de iniquidad dechado, hibridación de sátiro y harpía, que tu procaz desenvoltura opones á mi grandeza trágica y sombría, y al rugiente olcán de mis pasiones la ponzoña sutil de tu ironía? ¿Tú, por quien todo en rededor se siente descomponerse y perecer; que posas de esta generación sobre la frente tus alas de murciélago asquerosas, y que vas impasible el exterminio doquier sembrando sin piedad ni enojo? MEFISTÓl ELES dci liondo ni: ii ol pérfido li. nio, cu: indo en el lago azul se formó el cieno, cuando erizóse el matorral bravio y en el perfume se exhaló el veneno. Y entonces fué cuando la sombra helada, amenazando la extensión cc csto, brotó de mi fatídica mirathí: cuando his rocas calcinó mi mano, cuando mí aliento difundió ia poste y amargó mi saliva el Océano. Y entonces fué cuando al perderlo todo vertí mi única lágrima de fuego, lágrima inmensa. que cayó en el lodo con elque al liombre se amasara luego. Calla y ante mí póstrate sumiso: así el que fuera mi señor lo quiso. La nube es mi bandera desplegada, los vientos mis corceles de pelea, y el zig zag del relámpago mi espada que desnuda en los aires centellea. JII; FISTÓFELES Soy tu heredero; el infernal dominio do tus manos decrépitas recojo. SATANÁS ¡Ridicula soberbia; ¿Desconoces ú olvidas mi poder? Nada se exime de el en la vasta creación; las voces de cuanto lucha, desespera ó gime sobre el haz de la tierra le pregonan, acompañadas por los roncos gritos de todos los bestiales apetitos que el himno inmenso de mi triunfo entonan. Soy el arcángel que de Dios hechura contra su Dios so revolvió orgulloso, y encendiendo en el sol la tea impura de la primer discordia, con su nombre turbó el augusto primordial reposo en los mundos aún vírgenes del hombre. Soy la ambición, que en el desastro mismo no cayó despeñada de la altura sino para reinar en el abismo, y que la fuerza y el poder comparte con la Divinidad desde aquel día en que alzando rebelde su estandarte, el non serüiain lanzó, grito de guerra que á través de los siglos todavía estremece los cielos y la tierra. Al eco de mi apostrofe iracundo, el germen de odio universal que hervía dentro de todo, respondió en el mundo. En las montañas la? sulfúreas bocas se abrieron de los cráteres ardientes, rugir se oyó á las fieras en las rocas, volcáronse en las simas los torrentes; el mar con turbulenta sacudida se encabritó del viento al acicate, nublóse el sol y atravesó la vida un vértigo de furia y de combate, ultimo y formidable cataclismo que desgarró la creación entera para que el mal, del seno del abismo, á mi imperiosa evocación surgiera; hora de sobresalto, en que espantada tembló la obra de Dios, cual si quisiera retroceder de nuevo hacia la nada. De aquellas gigantescas convulsiones, la cordillera en s s abruptos flancos guarda las epilépticas torsiones; aún encanecen al terror los blancos picos del monte, y en las aguas vivas aún de aquellas congojas primitivas corre el frió sudor por los barrancos. Y entonces fué cuando se alzó en el seno I t. Ví. v U Ij ¡Ja, ja, ja! ¡Voto á ti! ¿Por eso crees mayor que el mío tu poder? ilal año para ti, viejo abuelo. No es extraño que en tu vejez, ridículo, chochees. Tú conturbaste el mundo con el daño do luchas y catástrofes ruidosas encaramado sobre la alta cima; yo sordamente las humanas cosas desmigajé burlón, las más hermosas mordiendo con el ácido ó ia lima. Tú revolviste el mar con la tormenta, yo estanqué el manantial. ¿Tú eres la furia? yo soy la maquiavélica perfidia que se enrosca en el alma soñolienta. ¿Tú tienes el dolor? pues yo la injuria Yo soy el diablo de hoy. Yo soy la envidia cuando escupo mi hiél sobre ia gloria; soy el escepticismo cuando niego la preclara virtud; soy el sarcasmo si tiznando de negro la victoria hielo en el corazón el entusiasmo; profanando el amor, libertinaje, pues por mí es ora bizco el niño ciego, sus flechas alfileres, y su traje sayo de mico, y sujiclirio un juego. Tus blasfemias ¿qué son sino plegarias, plegarias al revés? ¿Pero mi risa? Nada á su mueca cínica resiste: ella envenena el aire com. o brisa que lleva en sí mortíferas y varias las ponzoñas de todo cuanto e. istc. Hay una risa generosa, humana. que es fuerza y es salud; la que las flores como labios despliega en la mañana; la que vibra del sol en los fulgores y mueve de los pájaros cantores la lengua en melodía, soberana; -la que irisa magnifica la bruma; la que el follaje de las selvas dora cuando el rocío en perlas se desgrana que á fuerza de reír el alba Hora: la que es en el torrente onda y espuma y rosicler espléndido en la aurora. Tal risa desconozco; agria y siniestra, la mía el diente que desgarra muestra. Con ella arrastro al universo todo entre un resplandor cárdeno de infierno, torpe y dando- traspiés como un beodo, á un insensato carnaval eterno. Deja el trono que usurpas insolente. Llegó la hora feliz de mi reinado; yo scy el mal amable y atrayente; yo soy un Satanás civilizado. E- Mii. io FERRAKI