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os mayores enemigos de la Prensa, aquellos que la creen institución perjudicial ó inútil cuando menos, no pueden negar el enorme progreso que á ella se debe en materia de procedimientos mecánicos é industnaies gráficos. Para satisfacer cumplidamente las necesidades del mercado de libros en los siglos XVII y XVIII, bastaban las antiguas prensas de palanca, aparatos ominosos en que uno ó dos operarios hacían el mismo papel que las bestias encargadas de dar vueltas á un molino. El desarrollo y circulación crecientes de los periódicos diarios desde los primeros años del siglo x i x obligaron á sus editores é impresores á pensar en la necesidad de nuevas máquinas que imprimiesen con rapidez y perfección y sin pérdida de tiempo ni de fuerza. La antigua prensa de madera llamada de Gutenberg y la preijsa holandesa que vino á reemplazarla, habían sido abandonadas ya y sustituidas por la máquina de hierro fundido de Stanhope, cuando en 1809 el editor de ese venerable patriarca de la prensa que se llama The Times, un señor John Walter, aceptó los ofrecimientos del mecánico alemán Kcenig, descubridor semejante á Colón, pues, como él, fué ofreciendo á diferentes empresas un modelo de máquina de cilindro, sin que nadie le hiciera caso. En este invento le ayudó un compatriota suyo, el relojero Bauer. Después de muchos ensayos, Kcenig y Bauer, ayudados por Walter, lograron haceríuncionar en la imprenta de The Times unsLmáquina de cilindro que tiraba en blanco, es decir, por una sola cara, mil ejemplares por hora. En 1815, KcKnig dio otro paso gigantesco, construyendo la máquina doble que tira y retira. Pero aún las velocidades conseguidas por estas primitivas máquinas dobles eran muy cortas, y en 1824, el gran impresor francés Fermín Didot obtuvo el privilegio por una máquina de doole cremallera, que imprimía á las formas un rapidísimo vaivén. L i revolución de 1830 y la de 1848 en Francia centuplicaron la influencia, el poder y la popularidad de la Prensa, al mismo tiemPRENS V I RIMITIVA D E GUTENBERG po que el industrialismo inglés y americano requerían nuevos y veloces medios de expansión; por un lado aguijaban á la máquina de imprimir las ideas; por otro los intereses comerciales. Un americano, HCK, ideó sustituir las formas tipográficas planas por formas cilindricas; es decir, colocar en un cilindro las letras en vez de extenderlas sobre una platina, y con esa máquina Ifegó á imprimir por hora 8.000 ejemplares de su periódico Puhlic Ledgcr. Pero las formas cilindricas sin estereotipia ofrecían graves dificultades: no había medio de sujetar las líneas de tipos c- on la fijeza necesaria para que el cilindro, marchaseligerisimamente. La fundición estereotípica vino áresolverde plano esta dificultad. Las formas estereotipadas se adaptaron al tambor de la rotativa, y los cilindros ya no corrieron, sino que volaron. Los últimos días del segundo Imperio francés, que no vieron la amenaza de los cientos de miles de prusianos que á las puertas de la corrompida Francia llamaban, tampoco advirtieron que día tras día, dentro de casa, cientos de miles de papeles impresos circulaban p o r todas 1 8 4 9 MÁQOTNA D E VOLANTE MOVIDA Á BRAZO partes, propalando noticias, depositando ideas y juicios y opiniones en todos los cerebros, formando la conciencia de la nación... La máquina rotativa de 35.000 ejemplares por hora cantó su estruendoso y magnífico himno. Los maestros directores de aquel grandioso movimiento, que aún no h a cesado ni de ello tiene trazas, fueron un gran tipógrafo y periodista. 1