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íi ¡mmi -LI 2 í S ff íi! E L IMPARCIAL. 1 tmm i iíkmL I otros cientos y acaso miies que conquistaron pasajera nombradla y que no llegaron á ministros. De motín en asonada, de pronunciamiento en sublevación, estas plumas mantienen una diaria propaganda de ideas y una lucha encarnizada de odios y ambiciones personales, empujando el trono de Isabel II hacia la Revolución. Las redacciones eran templo y club á un tiempo mismo; de ellas ae salía para la cárcel ó para el ministerio. En JÍI o del Comercio, de Fermín Caballero, está el origen de la caída de Espartero; en el Heraldo, de Sartorius, comienza el destronamiento de Isabel II, á puro defenderla. Luego viene la época heroica en que los sacerdotes de pluma y de cuartilla visten la cota y embrazan el escudo, v se lanzan á los desaforados combates de 1869 á 1875, volviendo á ser soldados y guerrilleros. La Revolución trae a l periodismo nueva avalancha de talentos apasionados, de jóvenes ambiciosos. El Amigo del Pueblo inicia, coa las violencias del ciudadano Paul y Ángulo, aquella era gloriosa, y le siguen El Puejite de Alcolea, La Igualdad, donde se encuentran Benot, Andrés Mellado, Fernando Garrido, José María Orense, Estanislao Figueras, Ramón Cala; La 7o z del Siglo, que escriben Azcárate, Luis Vidart y Silvela; La lieplbUca Ibérica, La Propaganda, con Melchor Almagro y Alfredo Calderón, y El Globo, fundado por Castelar, y El Contemporáneo, por José Luis Albareda, y Los Debotes, en cuya redacción vaga con s 3 rimas el adorable Becquer... Y aquí, en 1875, el sacerdocio se trueca en profesión; aun en los periódicos republicanos La Reptíblica y el famoso Progreso, de Solis, escuela de plumas magistrales, donde comienzan Julio Burell, Comenge, Malagarriga y Ángel Luque, tienen los redactores más ie en el sueldo que en el triunfo de la idea. Y luego, pasado el primer quinquenio canovista, la transformación se consolida; las empresas nacen; los periódicos netamente políticos, confesados en una bandería, advierten que el público los abandona y olvida; El Globo y El Diario Español, que aún viven, quedan rezagados, y La Correspondencia de España y El Iniparcial, anteriores á la Restauración, y El Liberal, recién nacido, compran rotativas, gastan níiles de duros en telegramas... Una noticia que se escapa, produce un terremoto en la redacción. K ningún redactor se le exige profesión de fe. Así, antaño, el éxito del periódico estaba en la idea que defendiera; hoy, en el dinero q u e g a s t e E l Heraldo y el Diario Universal h a n HERALDO DE W OBlO DIARIO UHiVERSAL 6- f 3 í I acelerado la industrialización del periodismo. E industrializado el periódico, los caballeros andantes de 1812 y 1834, los misioneros y predicadores de 1860 á 1880, nos vemos trocados en jornaleros que ponemos precio á nuestro trabajo sin otra esperanza de encumbramiento. De los gaceteros, gacetilleros, diaristas y periodiquistas panza al trote de que hablara el sin par Bartolomé José Gallardo, no queda nada. Si Fernando Garrido, que en 1850 fundó El Eco de lajtiventud, primer órgano socialista, resucitara, se regocijaría viendo que los jornaleros de la pluma nos disponemos en Madrid á emprender la lucha de clases. DiOKisio PÉREZ