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fnii T- iicrto y cniíiplíicitltf, coincn i A liíicer cabriolas, briTU os, dc plaiites y batíluanes cou imiailado regocijo y tiuTica vi pto a r d o r core ííT íi íf, de suortt? qin? todos los dcmoiiíoH se deseach, iTTab: in d e riña viándolc áa- uznr. con el gorro terciado y los pufins en las cnderas y yt os aseííuro qiip, sin íier demonio, c u a l q u i e ra s e hubiese desternillado viendo tan ridículo y sin i? ar espectáculo. Cuaiíilo renílido de tan violento ejercicio t i viejo Li- Hotig h n h o a p u r a d o a l Ktínos va os del delicioso néct. ir q n c d t la tierra EUitia icerc tSsele uno d e los d e inonins in ts significados y pniicipaleSH el q n c físlentaba detrás de la nuca un; i herniosíi cornaiut nla de ciervo, y l e dijo ci) U voü g r a v e y antoritaria: ¡Olij tú. íjjieii miiera q u e seas: eji verdad t e digo q u e íiailas á las mil m a r a v i l l a s y cDuio todos defecamos íjuí desde hoy lome- s parle en lodos nuestros regocijos y diversioneSn V; LS á pronitlérnoslo y á jurárnoslo; pero debo advertirle qtie, sabiendo íuuy bien nosotros los demonios lo poquiMino q u e bay que fiar eu las palabras d e los hoiubrts. menester üerá qu ¿n o s dejes uníi prenda en g a r a n t í a a e q u e vcuiiríís á b a i l a r cuando v donde t e llamemos. V q u ¿prent t queréis? -pregunten L í- H o u g á quien el vinillo había desiitado lii lengua. -Yít comprenderás- -argüyó el demonio pedantescamente- -que no vamos ¿q u e d a m o s cou nii. i futilidad cualquiera, como t u hacha, tu abaujcn r ¡t u pipa, no; q u e r e m o s u n a cosa q u e t ú rístímes cU m u cho; y como posees ese lubanillo tan hermoso, q u e entre vosotros los chinos es señal y a g ü e r o de r i queza y fortuna, uos quedarenios cou él p a r a fjan a de tu vuelta, Y diciendo y hjjcieudo t i demonio. del demonin, alarj ó la g a r r a y le sacó el iobaníUíj sin dolor ni Kan; re, como sacan m u d a s ios dentistas cüehbnrliinos eu el mercado de Tient- Sín; y después de sacado, lo contetnpló y lo sopesó entre las m a n o s y se lo f- uardó con njuclio euc ¿irgo. Li- Flon umnifostú a n f orpresa y liasl: t un dolor q u e en n i n g u n a m a n e r a sentía por l; t extracción d e s u InbíinJllo, pues y a hemos dicho q u e I Í- U O U Í Í era uU gran filósofo, y siempre le pareció despreciable y vitauda la preocupación vul iíH referente á las dichas y bienaventuran 7, as q n e los lobanillos proporcionan, dado ¡ue él, hijo d e leñador h a b í a nacido y leñüiior seguía siendo en s u veje sin m a yores numentos ui prosperidades. Pero como h o m b r e astuto, engañó á l o s d e m o n i o s fingiéndose m u y contrariado por la pérdida de s u apéndice y llevándose his manos al raso v mondo rostro con ademán condolido y murrio, Al verle hacer visajes y gestos de tristeza, los demonios, á quienes y a n o divertía I,i- Hong, hu cron cada cual por su h do- Cuando h a s t a el último había des- iparecido, L i- H o n g clav á n d o s e los p u ñ o s en los ijares, lanzó u n a grandísima y sonora carcajada q u e debió de r e t u m b a r eu el infierno, v a p r e t a n d o á correr con In ligcrc a de quien h a perdido lo q u e más le molestaba, lle; íó en diez saltos a s u domicilio. Su mujer no le rccouocía: sns vecinos tampoco, y el buen hombre sc vio obligado á contar toda la aventura, declarando que en jamAs de los j a m a s e s p e n s a b a volver á rescatar su lobanillo. L a historia s e d i v u l g ó pronto, d e s u e r t e q u e llegó á oídos d e otro honíbrc l l a m a d o W a n g- I i n g el cual tenía o t r o lobanillo semejante al de L i- H o n g y aun qnizíi u n poco más gordo, en la mejilía izquierda- y sabida q u e supo la a v e u t u r a de Li- Hong, cchó á correr hacia el bosque el primer d í a q u e h u b o tormenta, se escondió cu el mismo h u e c o del árbol, y cuando llegaron los demonios t Q acercó á ellos humildemente, ofreciéndose á bailar cuando s e lo njandasen. á condición de q u e le recompensaran, como habían hecTio con su vecino I, -líong. Los demonios, q u e n o entendieron m u y bien estas proposiciones y q u e y a estaban b a s tante beodos, creyeron q u e Wang -Fing e r a et mismo Lil i oug. e x c i t á r o n l e á q u e bailase, y l o hizo, pero cou t a n t o miedo al ver aquellas espanlablc- s cataduras, y p o r consig u i e n t e con tan poca gracia, que adelantándose el demonio autoritario y pedantesco, le dijo: -Nos h a s engañado, amiguito. Ahora bailas niu m a l y no tienes el menor chiste, p o r Jo cual, como y a no queremos n a d a contigo, turna tu p r e n d a y vete á freir esT írra íos, V diciendo y haciendo, acñ f lobanillo g u a r d a d n j b e n i t a m e n t e se lo pegó en la mejilla derecha al t n s t e U aug- Fiug, dándole de propina d o s nalgadas, cou lo íjne e pobre chino se x olvió á s u casa llorando, todo corrido y con d o s lobanillos en vez d e uno, para q u e hubiese a l guifa simotn ji. Al contar su desventura á Li- Hong, éste le dijo filoso íícamenle: -Amigo WHiug- Fíng, al demonio no se le engaíía niás N T íli u n a vez. r Y c i l o r i n g colorong, omujos u i SAUDAIIO