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EL VIEJO DEL LOBANILLO CUENTO JiriNO 1- 1 AíiÍA uiJji VC 7. iin lioiiiLre viejo, leñador de oficio, el cnal t t n l a colji ando de la Tiíeji! l; i ilereclia un Itibaoülo g lule m u y í rande, tan (grande como un melocotón de los m: ls g; randes- ii lía 5 e el hombre Li- Hoiiíj y uo obstante el lobanillo, íjue pesaba má; de dos libroa, vivía couteiito y feliz, poríjiie siendo joven habí oído l e e r l o s s a c o s consejos del Filóííofo Kung- fu- tseu (qut- los pag anos llaman Confuoio) y los seguía puutualnieiítc. Acaso, acaso, quien hubiera podido penetrar en el coraz íu de I j- H o n no hubiese hiilladn cu ¿1 la absoluta y religiosa coiifomiídad q u e el Filósofo recomendaba: pero al meaos, el diptio leñador no daba á sus vecinos y paritnti s el mal ejemplo ele un reconcomio, y m u c h o menos de u n a desesperación manifiesta, Claro está que á nadie le íjnsta que le cuelguen de un carrillo dos libras de cariíe sobrante v ociosa, pero sí ¡I Li noitg no le gustaba, no lo d a b a ¿e n t e n d e r Un dia iba el buen h o m b r e camino de la selva, como d e costumbre, 1 proseguir el corte que eu ella dejara el dia anterior, cuando ved ahí que comienzan á caer del cíelo u u a s o t a s gordas como ta ¡r (moneda china) y á soplar uu ventarrón deshecho tan recio temeroso, qm Li- Hong, vícudo imposible volver á su casa hast; i que escampase, buscó refugio en el h o r a d a d o tronco de uu íirbol secidar. Allí s e acurrucó, t e m b l a n d o d e m i e d o y d e frío, pue. s se h a b í a calado h a s t a loa huesos. Así, agazapado y Utno de aprensión llevaba ya u n a hora, cuando sintió invadir el bosque desusado y extrañísimo ruido 0, vuces que iban acercándose poco á poco. ¡Rarísima cosa es esta! -pensó Lili ojig; -en lodos l ó s a n o s de mí v i d a n u n c a oí en a seU a semejante ruido. -V cuando iba á entregarse á luás h o n d a s reílexioucs, ¡maginíios q u e ve surgir, unos saliendo de entre los árboles y otros, al parecer, del centro de la tierra, un tropel d e seres descomunales y n u u c a vistos, que a u n cuando por sil porte y voi- parecían personas h u m a n a s no lo eran puesto que unos tenían el cutis rojo eonio sandia, otros verde como piel de i apo: a l g u n o s sólo ostentaban un ojo enorme en medio de la frente; otros, diez ojos en los diei dedos de las manos; cuál llevaba los píes palmados como ánade, cuál u n a cornamenta r o m o la d e un ciervo af oso detrás d e la cabeza; de ellos los h a b í a con piel escamosa y plateada; d e ello con patas de cabra ó de venado; de ellos, con colmillos d e jabalí. Algunos traían g r a n d e s antorchas que luces rojas, amarillas, azules y verdes lanzaban, y todos reí: in a b r i e n d o bocadas enormes, brincaban, cantaban, agitaban laü teas, en confusión ínferujib He lo cual d t d u j o con su habitual perspicacia el viejo L i- H o n g q u e aquellos seres t r a u demonios, como en realidad lo eran, y q u e habían aprovechado el fragor de la tempestad p a r a venir á la tierra á holgarse con el miedo y estrago de h o m b r e s y haciendas. Algunos, en efecto, h a b í a n venido cabalgando gozosoi en el zig z a g de nn rayo, l.o que suponía Li- Hoiig era cierto, J. os demonios venían en son de b r o m a y algazara: pronto, con la magistral habilidad q u e p a r a ello tienen, armaron u n a gran fogata, y sentándose en torno, sin dejar d e reír y cantar, hicieron surgir d é l a tierra un copi iso y a b u n d a n t e surtidor de líquido perfumado, cuyo g r a t o olorcillo pronto llegó á l a S peritas narices d e L -Hong. quien reconoció y certificó p a r a s u s adentros que aquello era vino generoso y de lo mejor que se ha bebido j a m á s en el Celeste hUperio, y tal. que sólo con olt rlo, h o m b r e s ó demoniüs, se ponían á medios pelos conque podéís calcular que á la media hora de llenar y vaciar copas, y a se había a r m a d o allí u n a huelga, que con t o d a verdad podía decirse df dc jnil díabhf, y no quedaba un demonio que no estuviese calamocano como... eonio... pero n o vale señalar. Todos sabéis q u e el v i n o c a n t a d o y bailado u o es v i n o peligroso, y como eslia regla, según parece, reza lo mismo con los diablos que con las personas, figuraos la zambra d e canticio y bailoteo q u c n j o vicron lo- i dcmuuiOLi, ya que t- taban roipjqrtos d t h o r c h a t a d e cepas, Divertíanse y solar- ábanie r o m o unos buenos diablos, cuando uno de ellos, que e v i d e n t e m e n t e era uu espíritu original y refinado, emitió la atrevida idea d e que aquella diversión resultaba u n poco v u l g a r y que d e b u e n a g a n a la reemplazaría por algo más nuevo. E n t r e t a n t o al viejo Li- Hong, metido en su cubil, viendo la j a r a n a y atractivo jaleo d e los demonios y oliendo el vinillo, se le hacía la boca a g u a y se le ponían larguísimos lop dos dientes queconscr aba: y cuando oyó al demonio revolucionario y modernista echar d e menos algo original y que rompiera los moldes de las j u e r g a s demoniacas, no pudo contenerse más, sino q u e salLandoágil y alegre fuera del árbol, entre el general asombro de los demonios, q u e nunca habían visto á su lado un mortal