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1 A industriosa ciudad de Alcoy ha celebrado este año con la solemnidad y el regocijo de costumbre sus tradicionales fiestas. De entre ellas, la más antigua y sin duda la más interesante es el alardó ó fiesta de moros y cristianos, cuyo programa es invariablemente el que sigue: las fuerzas de los moros tienen sitiado el pueblo, que los cristianos defienden. I os moros envían un parlamentario al gobernador, quien lee el pliego y lo rasga después de leerlo. En vista de esto, mandan los moros una embajada. El embajador intima, en verso heroico, la rendición de la plaza, á la que se niegan los cristianos. Empieza el combate con nutrido fuego de fusilería ó de trabuquería; vencen los moros, y los cristianos se repliegan al castillo. Esto ocurre por la mañana; pero á la tarde, después de reparar sus fuerzas ambos ejércitos, se vuelven las tornas, y los cristianos les atizan á los moros un palizón fenomenal- -todo figurado, por supuesto, y sin que haya que lamentar el más leve rasguño. D E R O no se crea que los alcoyanos se pasan la vida entretenidos en huelgas y festejos. Al contrario. El mismo día que nos mandan de allí las noticias gráficas de la mencionada fiesta, recibimos también magnífica y completa información de la inauguración de la línea férrea que la Compañía del Norte acaba de construir para unir Alcoy y Játiva. La línea cruza por una de las comarcas más hermosas y fértiles de España. Lo quebrado del terreno ha hecho necesario construir grandes obras de atrincheramiento y terraplenado y algunos túneles, puentes y viaductos. D o R no repetir las vistas tomadas durante el viaje de S. M. y que, como ven nuestros lectores, todas parecen representar las mismas muchedumbres agolpadas al paso de la comitiva regia, sólo recogemos en este número tres notas referentes á la visita del Rey á Almería y Granada, en donde, como en las etapas anteriores de su viaje, ha despertado general entusiasmo. I A fiesta obrera del i.o de Mayo ha resultado brillantísima en Madrid. En la reunión celebrada en los jardines del Buen Retiro se pronunciaron discursos fogosos, pero sin que fuese necesaria la intervención de la autoridad. La manifestación en las calles para entregar las peticiones obreras al presidente del Consejo fué tan severamente correcta y grandiosa, que recordaba las grandes manifestaciones de los obreros ingleses y alemanes. El obrero español, inferior en cultura á los de otros países, demuestra siempre que tiene ocasión de ello, que no cede á ningún otro en inteligencia y en disciplina social. La ma 3 or parte de las peticiones elevadas al Poder ejecutivo ni siquiera tienen carácter sociali. sta, sino humanitario en general; defensivo de todas las clases, no sólo de la obrera, contra la incuria y el abandono de los pob tioo. s. l -í A- i y. i S Í 1. SÍ Juil ii. C 1, EL A L A R D O J o FIBSTA DF, MOROS Y CRISTIANOS KN ALCOY. 2 UN J E F E D E LOS CRISTIANOS CABALGANDO EN SU CORCEL D E GUERRA. 3 Y 4 DOS SECCIONES D E LA NUEVA VÍA FÉRREA DE LCOY Á JÁTIVA Fots. MíitniTedona hermanos y V. líisbal