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ZODIACADA MENSUAL TAURO A constelación de Tauro, cuya principal estrella, que por cierto goza de bastante crédito y reputación entre los astrónomos y aun entre los simples aficionados, es la famosa Aldehardn, dicen que fué una de las constelaciones más conocidas en la antigüedad remota. Los griegos creyeron ver en ella la figura del Toro celeste, es decir, nada menos que la del Sr. Zeus olímpico ó Júpiter, quien como todos ustedes saben, se transformó en dicho cornígero animal con el poco laudable y á todas luces inmoral designio de robar y llevarse á Creta á la bella Europa. La leyenda helénica es tan hermosa que, aun cuando muy conocida, merece ser recordada, cual se recuerdan gratamente las dulces patrañas de la juventud. Europa era una lindísima doncella fenicia, hija de Fénix, rey de aquella tierra. Como vivía en tiempos muy anteriores á los de la litada, era lo más natural del mundo entonces que las hijas de los reyes se hallasen descalzas de pie y pierna, ó bien lavando la ropa de palacio, como Nausikaa, la deliciosa muchacha de la Odisea, ó bien guardando el ganado, como en efecto estaba Europa, á las orillas del mar. Cantando ó jiigando con los becerrillos, contenta y descuidada, vio d e pronto acercarse á ella un hermosísimo y mansísimo t o r o de luciente piel, de poderosa cerviz, de grandes ojos, cuya expresión era de la más dulce súplica amorosa. Acercóse el toro á la doncella y comenzó á halagarla lo mejor que puede hacerlo un toro, acariciándole las manos y los pies, arrodillándose ante ella, indicándola, en suma, con toda la elocuencia posible en un animal, lo que Europa, encantada de tanta humildad y mansedumbre, hizo al cabo: sentarse en el lomo del animal y dejarse llevar por él, pasándole alrededor de los cuernos, á manera de bridas, la guirnalda de rosas q u e e s t a b a tejiendo. Nunca vieron los mares más gallardo nadador que aquel toro, ni más serena é intrépida ninfa que la resuelta y descuidada Europa: ni se conoce en ninguna Mitología una aventura galante tan graciosa y original como ésta. Nadando, nadando Júpiter, que era el toro, condujo á la doncella á la isla de Creta, y eu una hermosa ensenada dejó con mucho mimo su preciosa carga bajo un verde y copudo plátano, que desde entonces fué inmarcesible. Eos cretenses del litoral enseñan diferentes plátanos siempre verdes, á los cuales agracian con el mérito de haber sido los que dieron sombra y protección á los amores de Europa y del toro. Cada cual puede creer lo que quiera. Eo cierto es ¡qué disparate! que de aquellos amores nacieron tres hijos, el mayor llamado Minos, que fué el legislador famoso, y los otros dos Radamanto y Sarpedón. Después de esto, parece que Europa se casó con un Sr. Asterión, que debía de ser hombre de buen contentar, y fué muy feliz. Es la ventaja que tienen estas historias mitológicas: que es rara la que no acaba tan ricamente. W. B. L Cuadro de Erasmus Guellyn. Fot. J. Lacoste