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3 -r r más que mis sermones podrían los halagos de esa hembra abominable. Por eso, antes de que la volvieras á ver, la hice huir con exorcismos. Alégrate, hijo, que ya estás libre de ella. III Una semana más tarde, al amanecer, marchábase del monasterio Edirn, contrito y penitente En derechura hacia Carleón y sin novedad cabalgó todo el día por brezales. Pero llegado el orto de la luna y perdido ya de vista el cueto donde se alzaba la monacal mansión, pareció de pronto á Edirn que á la luz del crepúsculo y sobre las purpúreas urces, en el aire flotaba cerca de él una forma sutil con túnica verde y cabellera de oro. Estremeciéndose, espoleó su palafrén el caballero. Mas la forma sio- uió fluctuando á su vera en el ambiente, y Edirn oyó una voz triste y dulcísima que susurraba su nombre sm cesar. Edirn- -á quien no hubiera dado susto una docena de vestiglos, pero que endoetrinado por el austero religioso, temía condenarse, de ceder á la amorosa tentación- -salió entonces huvendo al o- alope Aquello fué una fuga de horas y horas á través de urces y breñas, por riscos v despeñaderos. Desbocado corría el palafrén, y paralela al jinete y la montura, tenaz como la sombra seguía la forma vao- a de la pnncesade las selvas susurrando: ¡Edirn, Edirn! con acento cada vez más angustioso. Y elljalafren, desaviado, al fin se derrocó por tierra. Edirn cayó de pie, y persignándose increpó entonces á la sombra: ¡Vete, vete! -le decía; ¡no me atormentes más, que tengo que olvidarte! La sombra, sollozó: ¡Edirn: triste de mí, murieron mis amores, mas no dejaré de perseguirte mientras no jures tornar á la encina y cortarla de raíz. Otórgame lo pedido, y para siempre dejarás de verme. Y juró Edirn, porque la venusta sombra le tendía brazos suplicantes, y él estaba temeroso de caei en tentación. Libre ya de ella y de la sombra, Edirn caminó leguas y leguas hasta llegar, por otra noche de luna, al bosque donde matara la pareja de osos. Y se acercó á la encina, 3 con su hacha de armas hirió mil veces el tronco del árbol corpulento, haciendo volar a. stillas y retumbar los ecos de la selva; y ya faltaba poco para que cayera el árbol, cuando Edirn, jadeante, se detuvo á respirar. Entonces, por una fonda de la encina, salió una voz que dijo murmurando lánguida: -Edirn: soy la que fué tu amada y sigue siendo tu amadora. Por vivir contigo y de tu vida, renuncié á juventud perenne y á más dilatada existencia que la que gozáis los hombres. ¡Inútil sacrificio! De mi amor huíste al saber que no era yo de la raza tu 3- a. Perdona el engaño y, compasivo, acuérdate de mí, que á tus manos agradecida muero, porque mi ser, por misterioso vínculo, está ligado al ser de la encina Que destruyes. Cesó la voz; hubo un crujido largo, y con formidable balumba de ramas y hojarasca sacudidas, ca 3- ¿estruendosamente la encina por el suelo. Y á la luz de la luna, entre el follaje que retemblaba aún, Edirn, sobrecogido, vio una tenue forma femenina surgir y anonadarse en el plateado ambiente de la noche. Y Edirn vivió muchos años después, pero nunca tornó á amar. LUIS V A L E R A B A J O- E E L I E V E S D E C O U L L A U T VALER. 4.