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íínS. R E Í RATO INÉDITO DE SOR PATROCINIO CON S. M. LA REINA DOÑA ISABEL SOR- F La ROCIETIO FRAGMENTO DEIV BJPISTOLARIO DE LA COXDKSA DP, CAMPO- AVANCE O o R Patro, como la llamábamos sus amigas en horas de intimidad, era de buena estatura y algo metida en carnes, aunque conservaba cierta gallardía y gentileza á pesar de las sayas y las tocas. Sus facciones eran vulgares y el fruncimiento de su entrecejo y de sus labios recio y duro; pero en sus ojos, grandes y negros, había tanta luz, tanto fuego y tanta vida, que con mirar á una persona le cautivaba la voluntad. Hablaba lentamente, más que como midiendo las palabras, como si se las fuesen dictando al oído, y era esto tan cierto, que el gesto y la acción no acompañaban ni correspondían al sentido de lo que iba diciendo. Así que aquellas llamaradas de los ojos y aquella abstracción en que parecía sumida, le daban apariencia de iluminada, y sus frases cortadas y sentenciosas le caían á una en el alma como profecías que bajaran del cielo. Cuantos la tratamos, no pudimos nunca convencernos de que fuese u n a grandísima farsante, como decían los liberalotes y los incrédulos. Tampoco es verdad que el padre Fulgencio la tuviera sugestionada, ni menos que el rey Francisco se sirviera de ella para conseguir de Isabel lo que directamente no lograba. No y no. Es que Sor Patro tenía sus ideas, altas ideas, grandes ideas, sin duda, porque á su modo y estirando el dogma, como si fuese elástico, filosofaba que era verdadera delicia oírla. Y á estas ideas ajustaba su acción, y... así salió ello. (Perdóname esta salida, pues no hallo otra más sincera. Una singular teoría suya era la de que no pecaban los reyes pecando, sino dejando pecar; porque enrufla tú los mandamientos y verás que es mucho más grave que toda una nación falte á uno sólo, nue el hecho de q u un monarca incumpla todos juntos siete veces cada día. Así la Señora se encant. iba oyéndola, porque los mismos ángeles hablaban en su boca... DIONISIO P É R E Z