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susto tornó verdes los rostros ae media docena de eminencias, y QOS O tres üe los saoios más pusilánimes se desmayaron. Una vez pasada esta primera impresión, el presidente, que se vanagloriaba de ser hombre enérgico, preguntó á Teofilus si existía algún modo de aniquilar la maldecida substancia. Tal vez tratándola por los ácidos ó hundiéndola en el Océano se podía... Teofilus no le dejó concluir. Ni los ácidos ni las olas del mar aniquilarían ni disolverían la Destmetorita. Sólo existía un medio de concluir con ella: la explosión. Si los comisionados lo deseaban Teofilus estaba pronto á complacerles, pero ya sabían las consecuencias. El globo se desharía en polvillo cósmico... Y acercándose el saloio á la Destmctorita, levantó sobre ella un martillo. A tal vista, los comisionados extendieron las manos como coristas que se juramentan é imploraron de Teofilus una solución menos radical. El inventor meditó largo rato, y al fin les dijo: Ta materia explosiva cuyo descubrimiento lue honra, puede conservarse sin estallar años y siglos, sin perder nunca sus facultades explotantes, pues éstas permanecen latentes hass i S v 1 1 1 p- il b ei 1 1 ti c. C S i 1 1. 1 I I I W- tú Dejando á Teofilus con. la palabra en la boca, los comisionados se precipitaron á la calle. Allí la multitud les acogió con un grito pronto sofocado al ver que los sabios se aplicaban un dedo á la boca reclamando silencio. Después murmuraron la respuesta de Teofilus, y el gentío se dispersó quedamente, comunicando la noticia. Al conocerla las cancillerías y los ministerios de la Guerra, se conmovieron en extremo, pero como el interés general se imponía, tras algunos cambios de notas llegóse á un acuerdo, y en una fecha dada, los cañones, los fusiles, todos los útiles de matar se arrojaron al mar, se licen ciaron las tropas, se arrasaron los fuertes y las murallas; en suma, el desarme general se realizó v cre yóse asegurada la existencia del globo, pues Teofilus declaró que tal medida evitaba muchas de las contingencias de una explosión. Para mayor seguridad, se depositó la Destmctorita en un cofre de acero, este se guardó en otro de madera incorruptible, que se encerró á su vez en una urna de piedra, separados todos con algodones, serrín, virutas, arena y otras materias muelles y blandas. Después se enterro la Destrnctorita en un campo desierto, y alrededor del enterramiento se levantó un muro donde u n a l a p i d a de m á r m o l decía: Aquí yace el enemigo de la humanidad, Transetmte, hiLve. Siglos y siglos pasaron después de estos sucesos. El mundo, algo encogido al principio, se recobró del susto y siguió viviendo. La energía y la actividad que antes se derrochaban en la guerra, se aplicaron de distinto modo, y poco á poco fué cambiando la faz de la tierra. Eas razas se fusionaron, creando la raza única, antediluviana, compuesta de todos los elementos que desde Noé vivían desperdio- ados y enemigos. Ta fortaleza negra, la paciencia amarilla, la blanca actividad inteligente, se unieron formando el tipo desaparecido del hombre perfecto. La vida humana se hizo larguísima, casi ilimitada, pues cada individuo compuesto de las células necesarias vivía más tienipo que una docena de hombres