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V 11 LA LEYENDA DE LA MARIPOSA CUENTECILLO PRIMAVERAL l- I xjBo en el mundo una época ya muy lejana, muy lejana, en que no existían mariposas. Los hombres entonces eran muy desdichados: no tenían ilusiones. I OS gusanos también eran muy infelices: no tenían alas. Todo lo que vuela y alegra los ojos llenos de luz en la primavera, todo lo que huye y no se deja coger, sin causarnos más que un leve y también fugitivo enfado, en aquel triste tiempo se arrastraba por la tierra. Las mariposas eran larvas. Las iltisiones voladoras, groseras realidades. Y apenas se podía dar paso por el suelo sin aplastar las larvas, orugas y lombrices asquerosas, que formaban un tapiz semoviente y todo lo babeaban y todo se lo comían. Contra aquella invasión perenne de los gusanos, el hombre no tenía defensa entonceS; ni la tendría ahora si el caso ¡lo que no permita Dios! se repitiese. En tan desigual lucha, sólo contaba el hombre con unos aliados fieles, constantes, desinteresados, intrépidos y listos como ellos solos: con sus amigos los pájaros, destructores infatigables de la vil raza gusanil. Pero ¡qué ironías las del destino! como las larvas destruían todas las hierbas del campo y, trepando por los troncos de los árboles, roían las hojas y carcomían las frutas antes de la madurez, el hombre, que aún era muy endeble para luchar con las fieras y muy torpe y desmañado para de dicarse á la caza menor... no tenía otro remedio sino comerse á sus fieles amigos, á sus valientes aliados los pájaros, y cuando éstos, hartos de comer gusanillos, se ponían gordos y pesadotes á puro haber prestado servicios á la humanidad, el hombre los cazaba fácilmente con la mano y se comía, con la más negra y odiosa ingratitud, pero con el mayor apetito, á sus bienhechores volátiles. Sucedió una vez que cierta esforzada y heroica tribu de jilgueros logró darse al faena para matar gusanos, que ninguno de éstos pudo llegar al bosquete por los colorines habitado; y claro, en el bosquete hubo frutas y flores, y los jilgueros piaron sin cesar, y aquello fué un paraíso. Un día qv. e los jilgueros dormían, un gusano atrevido se arriesgó á llegar sigilosamente hasta el bosque. ¡Nunca viera tan linda cosa! Flores de todos los matices y castas cubrían el suelo. El gusanillo estaba encantado y no pensaba en roer los tallos de las plantas, antes bien se contentaba platónicamente con pasearse por cima de ellas, recreándose en sus colores y perfumes. Y como por primera vez aquel gusano fué platónico, es decir, que tuvo un ideal superior al de arrastrarse por la tierra cojniendo, y por primera vez sintió y admiró la belleza pura, he aquí que al verle un colorín y querer lanzarse sobre él para castigar su avilantez, la justicia inmanente en el mundo realizó el prodigio de que con la esencia ó el polvillo sutil de todos los pétalos de todas las flores por el gusanillo admiradas, se le formasen y adhiriesen al cuerpo unas miríficas, vaporosas y multicolores alitas, que al punto lé sirvieron para huir del pájaro, su enemigo. Y así nació la primera mariposa y de ella salieron las demás como todos hemos salido de Adán, nuestro padre. Y los pájaros se vieron mucho meiios atareados que antes. Y el hombre vio y olió flores y comió frutas, y viendo á las mariposas mariposear y huir sin dejarse coger... tuvo ilusiones y vivió de ellas. Y de ellas vivimos lo mejor de nuestra existencia. F. N. L. DIBUJO D E R E G I D O R