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P R- IIvIAVKR. K SFAISTOLJ PriniavcTa en toilos s e preíieutn á los vostiiln dií flores, por gayos en LAarnillos dee lmaripoSaK, los lpüiscs en losd erepfgneteosouiortnTes r c los pnetas. y rorlea líilionilos y cáliiambres d cantada y ferinata 5; ilol ruisLMlor en los dos a tórtola- E s a estadóti los e n a m r a d o s y De poetas y d e enamorados solemos darla los españoles, como la damos de valientes. sítgAces y liatos; pero si mirásemos al interior del hombre d o n d e h a b i t a l a verdad. Rcgi in el s a n t o doclorn quién snbe lo que encontraríamos? P o r lo pronto, á nosotros se nos presenta la Primavera no en fonna d e recatada y b c n n o s a virjíen floTecieute, sino bajo la fipiira de un zrifio y descomunal j a y á n vestido de hice capote al bra o y muchas vcecs manchado ric sanj; re. Hn Eí pafia. l a Primavera es- sanj rienta; l a alcR: riaH feroz, La mayor y- más prata expansión con que celebramos la venida del bnen tiempo no es u n a floralia, como las a n t i g u a s d e Roma y l a s nJoderna Hc Nii a y Montecarlo; n o es Lanipoco una fiesta bípica en que íie ostenten con magnifica emulación loda n las elesíaueia i femeniles, cual sucede en G jrf p de T ngehamps; ni es un recreo 6 divertimiento sencillo V patriarcal en que h o m b r e s y miijereí; mnc treu s u a n u d a d y destreja corrienclo pnr los verdes jirados Uas la pclula del rr rir ñ del ¡ry f. N o tenemos campos verdL í ni fios gustan los i) -lOTlcs atlL ticos. Xos sobT amofi únicamente reuniéndonos en circulo alrederlor d e un pedazo de tierra lana y enarenada, que á ratoy cubren cu v e i d e flores, las tripas d e los janielg os- Kl filósofo barato puede encontrar en esta p r e d o m i n a n t e y casi exclusiva afición primaveral d e los españoles un riquísimo venero de consideraciones y comentarios. Nosotros, q u e y a e s t á b a m o s a p u n t o d e comenzar u n a brillante serie de cou sideración es metafísicas, éticas y económicas acerca de las co rridns d e toros como principal diversión eu l a P r i m a v e r a española, nos íjuardamos l a filosofía para mejor ocasión, porque acabamos de oír vocear á los r e v c n J c d o r e s y restallar los lálig os d e los m a y o rales, y al oír esto nos hemos a s o m a d o al balcón y hemos visto en l a calle u n a nube J e claveles rojos que caía sobre otra nube de relucientes moños negros y sobre una tercera n u b e d e m a n t o n e s de M, Lnilii blancos v de todos colores... v, naluralmentoT nos hemos lanzado á buscar u n a contrabarrera i tl ufii c o n n o m e n o r c n i p t ñ o q u e el q u e iiondriamos en a s e g u r a r n u e s t r a felicidad eterna. Al llej ar la Plaza nos hemos sentido en plena Primavera. A g u a r d e n otros p a r a e x p e r i m e n t a r esta dulce y deleiloíisima sensación t i cauto del cuco ó la floración de los almendros, 4 cualesquiera otras señales a l t a m e n t e poéT. icaí de l a s ne sugieren inspirados versos v notas melodiosas á músicos v poetas. P a r a nosotros, españolea y madrileños tic raza, n o b a y canto ni melodía comparable con l a áspera voz d e tutfííro querido naranjero, que desde el callejón nos grita g u i ñ a n d o el ojo: Quién l a s quiere- ¡gordaaas! -Ni d r í a d a ó silfide ñ napea jirimaveral que entre las frondas s e nos apareciese, podria cansarnos pozo tan inefable como el que nos produce el ver al veterano inspector Rívas entre barreras, con sn ílnauíaníe K vita y su ba li m de borlas, q u e tanta vt? ces hiin snltado la valla: ni h a y clavel, amapola ó rosa de Alejandría que tan bien n o s yiarezca eu u n hermoso p r a d o como la roja orrilla qne el popular y arriesgado monosabio Barajas suele arrojar al hocico de los toros marrajos p a r a q u e rebrinquen y entren á los picadores: u ¡todas fas armonías del viento y de las aves cu los bosques nos cosqinllean tan hondo en los nervios ó d o n d e sea eso. como el m i d o seco d e los capotazos con que desde la barrera se llama la atención del bicho querencioso, Ko b a y en todo esto algo netiimente artístico, puro y desinteresado, pues n a d a salimos g a n a n d o con ello? Pues entonces algo h a y d e poesía, de buena poesia primaveral, y el que no lo entienda así es un prímivera, W. P