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se llaman éstos cotinto? S. FLORES ANDALUZAS p n t r a m o s en el huerto guiados por una mocita con aire y rostro de musa popular. Era hija del ama del huerto, había nacido en él y se llamaba Rocío. El instinto poético de la madre la bautizó con este nombre, el más propio para una muchacha, rosa de rosas, clavel de claveles, que nace destinada á vivir en un recinto donde brotan flores hasta en el aire. Era fina y ligera de cuerpo, tal vez pequeña: pero ya se sabe, y nadie las mueva, que mientras la rosa más chica, más fino tiene el olor. Sus cabellos eran obscuros y abundantes: en el moño había caído por casualidad un capullo de té, y no quería moverse de allí. Tenía los ojos mayores que la cara 3 los pies más chicos que los ojos. Su andar era suelto, gracioso, volandero... Parecía haber inspirado aquella copla que dice: Esa mujé está sembrá: va derramando mosquetas por donde quiera que va. El poeta popular á quien esa flor en forma de copla le brotó del alma, pintó de la manera más sobria y elocuente la innata finura, el natural señorío de algunas mujeres andaluzas del pueblo. Eo mejor de la raza, la flor de la canela, como quien dice. ¡Apenas si hace falta salero para ir p o r e s a s calles d e Dios derramando mosquetas! -Vengan ustedes por aquí, -nos dijo la musa con ademán y tono tan convincentes, que no había más remedio que obedecer. Tenía ella noticias de nuestra afición y nuestro culto á las flores y quería que viésemos el huerto á conciencia. Entramos primero por una vereda en la cual, á derecha é izquierda, había mil claveles distintos en gruesas y apretadas filas de macetas. Nuestra curiosidad principió á picarse. El saber de Rocío la satisfizo cumplidamente. ombre bien puesto, incos tan grandes? nieve. marillos y encarnados son de la bandera espartóla. ¿verdad? -No: á estos les desimos tomate y güevo; los de a handera española son esos más finos. Pareseu guales, pero hay arguna diferensia, -nos respondió, confundiéndonos con su autoridad. Y siguió por la vereda adelante, atenta á un lado y otro, mo. strándonos los que ella estimaba ejemplares más dignos de aprecio, y diciendo sin cesar nombres y más nombres... De nácar, de aurora, de trapo, del relojero, de encaje, de rosa, del señorito, de la señorita, disciplinados, de paja, de coral... Al mostrárnoslos, tenía la costumbre de cogerlos por el tallo y hacerlos temblar. Ya no se Uamian dedos los de tu mano, que se llaman claveles de cinco en ramo. Cuando llegó al trozo de la misma vereda q... adornaban las clavellinas, aligeró su paso y calló, deseando que no reparáramos en aquella pobreza. Ella, por supuesto, no creía que era tal; pero sin duda nos consideraba poco aptos para comprender y aquilatar el mérito de las clavellinas. Se equivocaba Rocío: tiene la clavellinita el atractivo de lo humilde, de lo pobre, de lo modesto; el encanto triste de lo que nace á la luz con poca vida, para morir antes de cuajarse. Clavellina colorada nacida en el mes de Enero, ¿quién ha visto nacer flores en el rigor del invierno? Y como la musa popular encuentra siempre en cada flor distinta el símbolo de alguna mujer, nada más doloroso que oír al amante de una clavellinita que llora y canta: Hermosa clavellinita criada al pie de la sierra, ¡qué lástima de carita que se la coma la tierral Fuera del sendero de claveles y clavellinas, y dejando á un lado un grupo de naranjos, compacto y brillante, los cuales echaban azahar á los pies de todo el que ante ellos pasaba, las demás flores