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nes, también se realizan casi todas las solemnidades de Semana Santa al aire libre, tomando en ellas parte el pueblo entero. De Andalucía recogemos asimismo algunas notas, como las de la p r o c e s i ó n de Jueves Santo en Puente Genil y los acompañamientos de nazarenos y sacerdotisas en Cuevas de Vera. Todos los pueblos de Andalucía muestran en estas procesiones su riqueza imaginativa al p a r que su devoción, y en casi todos ellos los penitentes, los nazarenos, los soldados de la cohorte romana, los lícMlillliilil ll! T? l) Hlll! M con que á competencia dan muestra de su sentir artístico y de su devoción aquellos excelentes cristianos. En C a s t i l l a tierra á. spera y seca, donde la imaginacióa no se ipanifie. sta en exterioridades aparatosas, las procesiones d e S e m a n a Santa no constitU 3- en, por punto general, espectáculos t a n variados y de tanto boato c o m o las procesiones andaluzas. Quedan, en c a m b i o poblando las obscuras capillas de las c a t e d r a l e s castellanas muy buenas esculturas de la mano de aquellos grandes artistas que se J jesús nazareno. Pílenle íenil. Saceríolisa. Cuevas 5 e Vm. Señor it los flzotes. Cuevas k Dm. nii i aiii! ii M! iiniillliii tores, l o s sacerdotes y sacerdotisas de la Ley antigua aparecen representados á lo vivo por personajes de c a r n e y hueso. El instinto artístico y realista de los meridionales n o p u e d e n contentarse ni satisfacerse con la contemplación áe asos ó figuras quietas de palo ó de cartón, y la verdad es que cuando no se posee para las procesiones una cantidad de obras artí. stícas del valor y la importancia estética de los célebres pasos de Salzillo, es preferible representar las figuras por medio de personajes vivos animados por el iiiovimiento y la expresión de actitudes y ademanes. Así lo entienden también los devotos lorquinos, y famosísimas son las cofradías multicolores de Lorca y memorables los a l a r d e s de esplendidez -JS- TScáit llanj- aron Gregorio Hernández y Juan de Junx, Pereira y Mena. Bien claro nos niuestra este distinto carácter de las procesiones caste lanas la fotografía que representa el paso d e l Cristo crucificado en la ilustre ciu. dad de ZamoLas imágenes en estas procesiones son lo principal, y el acompañamiento lo secundario. No se escuchan saeias como en Andalucía, ni lá g e n t e considera las procesiones como un espectáculo, sino como una ceremonia g r a v e y solemne. Grande es el recogimiento, y el silencio en esos d í a s parece el dueño y señor de las viejas ciudades de Castilla. oigií rafías d e J. Menéndez, J. rtiang o, Dosseí, C, Agiiilar, J Moya, P. lunquera.