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FI EIM JLIR nalidad. 1- 1 A comen -nido la í p o c a ítrliz del año p a r a los paisajistas de verdad, pue? uo lodos tienen la vL lí: tiií, del inucfitro Morera, que se pasa iiuo O varíes inviernos arrecido entre las iiicves UL Gnajlarr. iTiia ó d e Stjiuosierra pnr. i p í u U r en j -fJi i r. 6 mejor dicho en p tiir i ¡in r. -ni tampoco son, rucias á iJios, mi L. lios los iniit florcfi d t l dií- liaguidü aeiiartlista I) Antonio Maura y tontaner, á miien lc s ardores d e una derrota parlamentaria y les sofocos de u n a crisis inminente no e quEtan t i liuniíhr p; r: L lar jarse al Pardo, eon nn frío horrorüso y un cier o de mil demonios, y dedicarse allí íílosófi camión le á pintar u n a plácida y sencilla acuarela, Son pocos los paisajistas españole- (dicho sea sin ofender á nadit) q u e sepan ó gusten de transaiitír al público el poético y s u a v e encanto del paisaje invernal. H a s t a el mes d e los Sautos, ron cüo de las hojas secas y de los ¿lurcos y haches ena; narchadüs, se defienden uiuy TCfi: ulanuc- nte; pero cu cuanto los troncos comienzan á e n n e g r e c e r l e y el terral á ponerse duro y dtsasrradablc d e t no, y los caminos ii volverse de tíolor d e p. m msl cocido, el paisajista se rneierra en el estudio y vive cié recuerdos, tíracias á la pipa y á la eíuirla log ra sostenerse h a s t a la primavera. í- k f, an. por íín, las primeras httjas y las primeras flotís, y tras la priinavera cjue briíla de árboles, plantas y hierbas, emcrjíen el cannin y el eoballo, el cadmio y el siena de los tubos tic píiiluran y el K lK i to que suele verse en l: is tapaderas d e éstos endere ta las orejas al verse en libertad i o audo las caricias del aire y del sol, Kl estudioso enjambre de los paisajistas primavera. Ies Cítmicnza á i n u n d a r bosques y prados al mi nuj tiempo oue el enjambre ¿Mimbador de las abejas y amenaza cubrir todas las paredes del m u n d o ciui m e t r o s y mas metros de tela esmaltada de v t r d e i í u e a n t e s frondas y de t e m p r a n a s floraciones. T o d o s los artistas bus iean el efecto decisivo, la pincelada brillante avasalladora, el olpe de 1 U; Í cruda que hiera los ojos ó el de profunda y recatada sombra r ue los hala jue, Pero no son ya los paisajistas solos q u i e n e s se lanzan al campo con su caja y su inspiración- También los pintores d e figura buscan y ptrsi íiieu el p -n tiir, ízanosos de descubrir nuevos y n u n c a vistos efectos de luz, ó bien de arropar y defender á la íi ura con un fondo de up; osa y fresca toTal le ha sucedido á la jovtju p i n t a d a por fíala en una de estas deliciosas excursiones primaverales. Andaba, por el bosque v a g a n d o en busca d e un pnníci d vaía. c u a n d o tropezó con el modelo soñado: un paslorcillo que si no era precisamente Dafnis, porque es difícil representarse al héroe d e las p a s torales de I.o n o vestido con p a n t a l ó n d e pana y faja, podía, en caso de necesidad, p a s a r por prota- tiempos p a r a engendros pastoril qu lio faltan por esos bosques, p e r o tienen, por lo j eneralf b a s t a n t e mala sombra, y más vale callirfieloSr Lo curf! (íí n o fué miís que lo dicho: que S a l a vio á c í a chica p i n t a n d o el paisaje y el zag aliUOf tomó ese lindo apunte. -y el q u e q u i e r a idilios, que se los invente td sólito. a nUlT JO D E C J U U Ü? AÍA