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FlGUrTAS ESPAÑOLAS LA VIUDA DE LOS CUCHILLITOS V o r -ciíerdol iber visto u n a vez. tan sólo, mi íníaiicia, aceita p e q u e ñ a vieja: h dejadü cii mi imaghiaciún comu xmn leyenda du jjulencüi. y de mj lerio. Su fortun- i. c- ra viviii sula en un caserón viejo, con lo- i balcones saledizos, anclios, que tenííni el pifio d e m a d e r a ennegrecida aseg u r a d o por largos zuncboa, Yo h e vi to tan sólo u n a ve ¿á esta vieja: era pequeñita, arruK da, vestida de negro como todas estas viejas de pueblo, con In. cara blanca, con las m a n o s blancas. N o tenía n i n g ú n pariente: se llamaba la Viuda dti gañivtuts. es dcein l i llamaban a ¡las g; enteE; la Fmda U las cui fi ¡ii, oi. Yo TÍO h e tenidfi curiosidad d e p r e g u n t a r á mís convecinos qué cnchillitos eran Éstos q u e t e n í a la b n t n a vieja; me parece mejor que este detalle permancí. ea en el profundo misterio con q u e su figura aparece ante mis ojos. Qné bacía esta vieja? N o salía nunca; se pasaba la vida en estas g r a n t l t s salas de pueblo q u e se suceden unap á otras con desniveles de pí, ioK, líenas de estas pequeñas p u e r t a s que llaman m íJores, y i3o r las cuales p a s a m o s cgn u n a secreta curiosidad p a r a entrar en otra estaiicia misteriosa, con r a m o s bajo fanales y consolas a n l i g n a s No hacia n a d a esta vieja sola t n su casercín: un terrible dolor pesaba sobre ella. Años a t r á s m u r i ó el único p a r i e n t e que tenia en el m u u d o era n n a n i ñ a rubia, pálida, d e l g a d a Y esta deljjadez, esta cara pálida d e la m ñ a inquietaban cad: 5 vcv. más A la vieja. El pueblo entero reeut- rda a ú n con u n a profundii admiración los gastos eu nnes ÍIUL la vieja hÍKo para que la niúa n o SÍ: muriera. Pero la n i ü a estaba cada vez m á s triste en estas g r a n d e s salas de piso desnivelado, con fanales y urnas. Entonces, cuando j- a habían venido mncUos médicos notabUsn cuando ya se hnhia rí- riirrido á ludo aqui en el pueblo, un día la vieja peqnefíita cogió de la mano á la niña palióla y se la llevó á Madrid, á lí ircelona y á ParTs- V l a n i ñ a pálida no se ponía bnena; al coiilrario su consunción se fn ¿ajij ravando de tal modo, que estando t n Madrid de rejíreso d e París, la b u e n a vieja vio con dolor profundo q u e su u n í a s e le m o n a Y como era terrible morir en u n a ciudad cjctrañan lejos d e la casa del puel o, lejos d e estos c impos verdes 3 de estas colinas luminosas, la vieja hizo que pusieran un tren especial p a r a ella y p a r a sn niña, V entonces el pueblo, cuincionado, vio Uej ar á hora intempestiva un tren vertiginoso, y vió cómo descendían d e él la niña rubia y pAlída y la vieja pequeñita vestida con su traje sencillo de merino, Y la n i ñ a m u r i ó en la casa anchurosa. Desde entonces, la b u e n a vieja n o volvíii á salir más q u e raras veces para i r á alj; una d e s ú s easits de campo. Tuda su vida la pasaba encerrada en las randes salaSf reeogídila. a n d a n d o silenciosa de un lado p a t a otro, suspirando, pcnsaiido en su inmensa fortuna y en la niña rubia q u e no p n d o goKatla. J. MARTÍNMCZ RUTZ Aavso i n; AI BKB- TI