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á Joaquiíiito, -que aliora te diré qnic- soy. y no venpo d hacerte d; iüo, siiicT aliarle lub gracias por lo Üieti qiit nic lias tratado y á pedirte un fjivor, JojqiiinJtOH traníjuilo ya, le esciidiaba con la boca abierta. El hombre- pájaro siguió hablando así: Hay ei 3 mi país, que estii iuwy lejos de atjul. un rey lau lir iuo, que todo el inuuílo le aborrece. Cuando no titue dinero, se lo roba á sus subditos. Cuando aljíiiuo st- resistL d cuiuplir sus deseos, le aflige con bárbaros casligoí. Se vale de la hcehiccn a para sus enemigos cuando no k- bastan para ello las armas; para castig ar á los rebeldes y para satisfacer sus menores capnchus. En fin, es el lite df la comarca, y yo soj una de sus víctinias. Mi padre era uno áe IOK primeros magnates de la corte y tenía nna bija muy htrmusa, con l.i que el 1 cy quiso casarse, Vn día se bacer saber á mi padre su d (dre el deseo del tíranon que toda franqueza. ¡Ojalá no lo liubiesc bccho nuuca! Quedóse el monarca al pronto paralizado por la sorpresa que le causó la energía con que mí padre desbarataba sus planes y el descaro con que se lo dtcia, y luego dio siitlta á su cólera, que ie desbordó como un torrente, liizo tembl: ir ti palacio co sus patadas y retumbar el aire con sus imprecaciones. Cargó de caden: is á mi des; rLiciado paúre y le sepultó en uu sombrío calabo o. A mis hermanos y a mí nos convirtió, evocando sus poderes infernalcsn en cinco diminutos gorriones, y declaró que sólo nos veríamos libres del encanto y nii padre de la prisión cuando ¿ste consintiese su casamiento cou mi hermana. Elisa quiso sacrificarse casándose con el tirano sin que mi padre ht supiese, pero no se lo con- ientimos. Mi padre murió en su prísiún ú los pocos días. Klisa y mis otros hermanos ban ido muriendo tambiín uno tras otro de tristeza, y yo mismo oslaba ya á punto de morir, cuando me has cogido esta manana, liaciéudome acariciar la esperanz. a de recobrar mi ser y figura de hombre. Porque has de saber que haj- uii medio muy sencillo de lograrlo. Cuando el rey infame lanzó sobre nuestras cabe as su teirible conjuro, un mago amigo nuestro que se encontraba presente, conjurando á su vez secretamente las ocultas potencias del Averno, consiguió que nuestro encanto pudiese ser roto por cualquier niño en uuyas manos cayésemos, por ser gorriones, pues ya se sabe que los niños sois muy aficiona dos a los pájaros, Y asiuiismo, que siempre que quisiéramos pudiésemos, con sólo desearlo, recuperar durante medía hora nuestra figura natural, Gracias á eso he podido ¡iparcter ante ti como soy, como me estás viendo. Si eres tan bueno como pareces y te inspiro la compasión que mtre -co, cógeíne mañana en cuanto te levantes, y sujetándome el cuerpo cuii nna mano, tira con la otra de la cabc a como para aTr ncármela. Hntonces me verás de nxicvo como ahora -habrás hecho nna obra de caridad, la mayor que puedas hacer en tu vida, El niño, conmovido por el rclrto del oríncipc- gorrión, le echó los bracos al cuello, y entre besos y