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m ¡í, tciiiM; mdn, Uiiscabii defensa estreclidütloñe contra XcrikÓ. Vestida oon fiít niiinlo reíil rit u. siíumns siirg iú Ja ninfa Haíratii. Km ÍKTTnos 3 peto tenía en los ojo. v verdes reflejos trágicos. H a b l a b a tltspacio, con vo ninsica! y frase riimica; pero h: blaba t n lenguaje (Icscoiícioiilo par; i ellos. E n vnno intciiUroD dcscntr. iuar el sentido de aí nellaíi palnbraí ijne ooii cadencia melodiosa iban desíTranándoí e entre s u s labios; ella decía y encachaban ellos, sin loyrar oom pri nder. Primeramente, líi nii isi ca de su voz tenía resonancias solemiitís v acentos Icvantíidós, en q n e creyeron a d i v i n a r p r o m e s a s d e íírande a; lií ose Ine o el vatíeiTiio Ientr V nielanet dico. y la: líltimas frases se eí; cap: íron de Libios de la ninfa con pansa sollozante, Kosinia y Kenkó tenililarnn á lt s tristes acentos, adivinaiino en ellos, con subresaltüs del cora ini, anuncio d e dtilore. s. Va la ninfa había vuelt i á su verdoso imperio, y nún elloí contemplaban eon Misto U s a; naK, n n e v a m e u l c callaiiaji y trantptílas, Al cabo, ronipíeridi el íiortilcgio q n e parecía la nrrlla, separáronse V emprendieron la vneila, Alardecia y las a l l n t a s de los monies se incendiaban reflejando los liltinuis ravos del sol, qtic parecía entrar en el ocaso a saii jre y fne ío. Jíumon- s inn íiladiJS venían d e la ciudad; oianse á lo l e j o s c a n t o s d e g neria. íJné podrá ser? -pre- íuntarnii á n n titrnipii lelísima y Kenkót s o r j i n i s i t a d o esi r n t n d o fpie rompúi la calma perdniable le la vieja eñldaiL C l tíJU i la palabra un rupii d e íntrreros tine iak: ia ellos veni aTi y íl; vuct- prniinnik: jaban el nombre de- mucljaeho: -fKenkij! iKtrjk V KetroL fdio l. L nifi. Apodn. ráromíe IOÍ, rotí d e fiu a iig: oj ¡ralüéru: ioLre mi jiaUnrinín cerrado, y diéronse á caminar de prisa en dirección d e la ciudad. Kosiiu les sc nía. eorritíudo tambréii dcss speradanienie, dnplicada? i sus fnerzas por impnisos de anj nstia, A l a b a n ptilvo los pasos precipitados de los ínerreros, polvo quc envolcía á la enamuradíi en n u b e s parduzens, ccnd- iles de anticipado IiiLo. Corrían ellos y corría ella, Pasaron las puertas de la ciudad; síi íuieron la dcsiy uül carrera por calles y plazas, y al cabo Kosiuia, cuando ya rendida cayó en tierra, vió abrirse, p a r a dar paso á su ami o, las p u e r t a s del pjilacto real. Alzóse á duras p e n a s subió la g raderia del pórtico y llamiS. Sus manos menudJtas se tineron d. sancrre al ¡golpear contra la puerta. Abrió un guerrero, envuelto en vistoso uniforme a ul y g r a u a -tíQu ¿buscas, niña? -Busco d Kenkó, mi amiíjo, mí esposo. -El príncipe Kenkó uo tiene esposa, -respondió ásperamenl el j ueirero. -Como heredero del tríj-