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KlOSIIvIA Y KEISTKO CUEXTO JAl ONKS H ASttlti siempre el juieblo del Japón etupono de prudentes y sabias costuiubres. Parece que s u s vic j o s legisladores tuvieran t r a t o intimo con la Natiira 1 c -a y d e ella aprendieran las leyes de la vida, y en sus sabios preceptos calcaran normas de existencia y reglas de conducta. E n t r e todas las muchna íapientisimas qtie ínera largo contar, e x i s t t desde n n a por todo extremo razonable y siTupá. tiea; y es l a qne luaTida que se críen y ediiqnr n j u n t o s v el u n o p a r a el otro, aquellos niños q u e m á s b a n d e unirse con loa vincnloa del amor conyugal. Concertaban- -y dícesc q n c aún h o y conciertan los padres, -apenas nacidos los hijos el conveniente a y u n t a m i e n t o y dcs de el punto y hora en ijüe el contrato q u e d a b a establecido, el futuro esposo y la e. npüsa futura vivían cu el míümo hogar, Liprcndiaij la ciencia de labios de u n niijimo partían el misniíi pan y deletreaban a u n tiempo el libro de la vida. Antiguo, con no medida antigüedad, es el im fcrio japonés; no h a y quien íicpa cuándo la planta h u m a n a holló p o r primera v c la tierra del léi lil archipiélago; ignorada eS d e todos la epopeya d e la pj- imcra nave q u e abordó á s u s riberas. Pues bien; en tiempos tan lejanoSj que í; n historia- se pierde en las b r u m a s remolas de lo incierto, sucedió q u e nacieruii á u n tiempo en dos familias d e la casia i uerrera, ignales en alcurnia y en riij ue a, un niño v u n a niñaVecjnij. s y a u n amigos los padres, trataron desd e Ine o el casamiento de los rapaces, y d e este modo Kusima y Kenkó crecieron jiuUos. Descubrióles un maestro viejo UIH niisli- nos de 1,1 sabiduría, y no sé rjuí ncullu entre ¡os peri; amíuüs de s u s libros dt; i. studiu le. descubrió vi amor. Ajienas liabian cumplido dos lustros, y ya. sin saber que v i v í a n s e amaban, IZran HUS j u e jos pausado; y graves, como de soñadores; Jíritabají pocas veces, pt: ro cantab; in muchas, y cuando las palabras de la canción decían cariño, se h u m e decían sus ojosh a s inadres los miraban sonriendo. -Surá fi -liees -decían. Los p a d r e s n n pensaban en ello; e r a n guerreros y hacía n u i c b o s a ñ o s que habían olvidado el amor.