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HL EQUENO FARMACMÍTICO p TR era un pcíqueil n fannact- itlico qiio tooa ha el vtíhloncello en la tra botioa; VÍL ha niu rtOs Vo lo veía lodos los días por una vcntauita íle la vecíiidiid; llevaba iiti paiil: lüii á iL andcs cu. idroü y uno de esos chaqués an íulosos q u e vcréiü cu las fotografías anlij niis. y q u e p a r t e e q u e huyen hacia atrás. Yo lo veía por una ventanita de un desván: él se colocaba al lado de una cómoda, sobre la ryt: j cual había pequeñas cafaií cubiertas do conchas; él ponía allí el alril, deiándolo en tierra con mucii j tiento, trasladándolo con cuidado desde un n n c ó n lucg O colocaba sobre él nn cuaderno de música. Yo le oía toser y veía su cabeza blanca y pequeña c á m o si? incUuaba íttcuta sobre his líneas de garrapatos: después templaba el instrumento, que ÍI ÜÍ I y rezou abn, con notas acrrias é inconexas, y por úlLimOH el pequeño fanuacéulico hacia un movimiento le y allardía couio et del luchador 3 ue va á entrar en combate; tosía acaso por postrera vc 7- niá fuerte que d e ordinario, coiuo despiiéndnse por nn rato de la tos, y entonces el arco comen ba á pasar sn; ive y n t m i c o sobre las cuerdaSf y la melodía se escapaba fioleiune, gríivCf- sonora, nielaucóliciv. dulce, en la soledad y eti el silencio del pali ielo. Sí; éste era un farmacéutico q u e vivía felÍ ¡c m a i i u d o en el mortcríco d e luánnol blanco v tocando el violoncello; era uno de esos hombres q u e nos dejan la impresión d e c ne los heñios cimocid o en nn libro, E or rpié ajiocio yo su Íina; en A la de otro pequeño personaje de novela No lo sé; pero siempre que me acuerdo de este farniacéutíeo, vií? ue á mi m e m o n a el licenciado Peralta, el del Cwrri jjeriii f íiii. jú de Cervantes. H e aquí nn hombre feliz y sabio; no toca el víolouceílo ni mma en el morterícOj claro es; pero tiene nn estudio liourado en Vaíladolid; y en esta ciudad pasa í u vida sosegada, comiendo jamón de Rute, leyendo á I ctrarca, alguno de cuyos versos se sabe u t memoria, y y e n d o á pasear al Espolón. V y o os quiero decir una cosa: y es q u e todas estas siluetas borrosas y anodinas, que todos estos lionibrcK pequeños y afables q u e viven en los pueblos v q u e lueeo han d e v e r l a s generaciones venideras en foto rafÍ 3 s viejas, con trajes nn poco ridículos, ¡u conocer sus nombres, que ya se habrán perdido; y o os di o, repito, q u e estos pequeños hombres son los que confortan nuestra vida y hacen ¡a obra social, y no esos personajes tremendos d los que habla la Historia porque realizaron tales ó cuáles h a z a ñ a s colosales, j MARTÍNEZ; RUIZ I. J, Í