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üí i LA VIEJECITA Y SUS AMIGOS o s o t r o s no conocéis á esta viejecita y á sus amigos? N o no; vosotros no conocéis ni á la viejccita ni á sus amigos. Ella vive en un caserón destartalado de esta pequeña ciudad levantina, y sus amigos viven en la casa de al lado; y si no viven en la casa de al lado, viven en otra parte del pueblo; lo mismo da. Lo importante es saber que á esta viejecita la están secando No os estremezcáis: encontraréis m u c h o s casos parecidos entre estos levantinos tan hábiles, tan finos, tan flexibles, tan astutos copiladores del dinero. Y c o n e s t o veréis mejor su carácter que con una larga y abstrusa monografía... La viejecita vive sola en un caserón enorme. ¿Por qué vive sola? No debía vivir sola: esto es lo que aflige terriblemente á sus buenos amigos. ¿Cómo es posible que permanezca ella en esta soledad, con tantos años, tan achacosa? Debe pasar días muv malos en su casa solitaria 3- silenciosa. Y por eso esta familia se impone el deber d e alegrar l o s d í a s d e la vieja: á todas horas está en su casa; cuida de que n o le falte ninguna cosa; riñe á las criadas si caen en falta; se van á comer al mediodía, pero vuelven por la tarde; le mandan platos á la hora de la comida... E. sta viejecita, silenciosa, ensimismada, deja hacer á sus solícitos amigo: ella ya no tiene ánimos para nada. Y sus amigos pasan cada vez más horas en su casa. Un día despiden á la criada. ¿Por qué? Es que ellos han visto que se llevaba ootellas de aceite de la despensa. Ellos traerán otra más fiel: y en efecto, viene otra, que va de cuando en cuando á la casa de los amigos de su ama y que cuchichea con ellos en los rincones y detrás de la puerta cuando entran. ¿Qué les dice esta fiel criada? Les dice q u e el mayoral que e. stá al frente de la labor del Hondón, ha tomado del palomar un par de palomas y se lo ha regalado á un amigo que tiene en la Fontana: ella lo sabe porqu í se lo ha dicho un mulero. Esto e- í verdaderamente grave, terrible: se lo cuentan á la viejecita y además le añaden otras muchas cosas sobre la mala administración de sus haciendas. Hay que echar ahmayoral del Hondón; ellos pondrán otro que se porte lealmente Y lo echan desde luego; y otro día echan también al del Alquebla, y otro al de la Umbría... Todas estas cosas traen un poco trastornada á la pobre vieja; los cuidados de las haciendas son muclios también: ¿cómo ella se empeña en gobernarlas? Mejor sería que la viejecita se viniera á vivir con estos amigos suyos; ellos tienen bastantes habitaciones desocupadas; además, se aburrirán de ir y venir continuamente de una casa á otra. Y un día, en efecto, cierra la puerta de la suya y se marcha a vivir con sus amigos. Ya tenéis aquí uno de estos casejoues cerrados siempre, que se ven en estos pueblos. Sus amigos la tratan bien; es como si fuera de la familia; alli viven sin secreto ninguno; eda les confía sus papeles y sus títulos; cuando vienen á pagar los censos y los arrendamientos, ya no es ella la que se entiende, sino sus amigos; sus amigos son también los que despiden á los inquilinos y remueven el personal de las haciendas. Y un día- ¡qué le vamos á hacer! -muere la viejecita: sus amigos entran en posesión de su fortuna; ellos han secado bien á la pobre vieja. Secar ésta es la palabra consagrada. J. MARTÍNEZ RUIZ r. UBUJO DE J. FRANCÉS