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Eh R E P Ü B W C O o hablaba en el agora de Atenas y en el foro de Roma por la grandeza de la gente griega y de la gente latina. Yo platicaba en las cortes castellanas y aragonesas por los fueros del villanaje y contra los desafueros de nobles y reyes, sin desacato, pero sin miedo. Yo gobernaba con altivez, dureza y opresión, azotando con mi látigo de hierro las espaldas espaiiolas, es verdad; pero al fin azotaba también los rostros extranjeros, haciéndome temer y reverenciar de ellos, y al cabo me guiaba, musa del fanatismo político ó del fanatismo religioso, la idea de hacer e- spañol y cristiano al mundo. Yo ahogaba en sangre las libertades populares; pero, á la postre, lo hacía en nombre de un derecho que yo juzgaba superior á todos: el derecho divino. Yo pretendía, sin falacias de palabras ni de pensamientos, sin hipocresías de transigencia ni de respetos, hacer un pueblo para mí, una patria universal para mi patria y una fe única para mi Dios. a mu? a nufua IQiEN venida seas, musa juvenil, y en hora buena llegada á esta humanidad que te ha invocado largos siglos, y por ti ha derramado su sangre en seculares batallas. ¡Qué bien pareces con tu blusa de trabajo, cuj as manchas más enaltecen que afrentan, coronada la frente con el penacho de vapor qué mueve e l m u n d o y con la llama eléctrica que ha iluminado las tinieblas; armada la mano con la pluma, con el compás ó el azadón; rodeada de libros útiles, de máquinas que parecen animación del acero, de artefactos que semejan realización de la magia y de los ensueños de la locura. Surge de los ríos y cataratas donde, en vez de ahogarte, encuentras fuerza motriz para la industria y regadera perenne para la campiña. Sal de los bosques, donde en lugar de murmullo adormecedor y sombra para el ocio hallan madera y carbón, piedra y hierro para alimento de la fabricación y comodidad de la vida. Sal de las escuelas, de los laboratorios y los talleres, y exhorta, ¡oh musa de la realidad, inspiradora de las acciones terrenales! exhorta á esa legión de cabezas luminosas 3 de brazos duros para que declaren por qué te siguen sin desmayo y te aman con fe más acendrada y fuerte que la que la humanidad fenecida puso en Dios y en sus vicarios, en los reyes y en sus ministros. I f ofra o no hago versos melodiosos, hago fórmulas de química espiritual. Mi pkmia no es la del cisne blanquísimo, ni la del ave ¡risada Cíue con su ala vistosa encubre jla oquedad y la inconsistencia de su plumón. Mi pluma es de acei O, como el escalpelo anatómico que separa con desdén y raja sin amor la piel suave, la carne delicada, la cabellera nzada, la forma externa de la, mujer bella para penetrar á cuchilladas en sus entrañas, en su cerebro y en su corazón, y buscar en ellos la causa de los males y postraciones, el origen de los dolores, las fuentes del llanto. Yo no canto: yo diseco. No me paro en la epidermis de los cuerpos ni en la superficie de las cosas: voy adentro, al fondo. No me enamoran los rostros: persigo las almas. Saltaron las cuerdas del laúd de los trovadores; se apagaron los soles, las lunas y estrellas; murieron las ninfas y deidades mitológicas; -cayeron en la tierra las perlas y las rosas; se borraron las formas; la luz de un nuevo día ahuyentó los sueños de la imaginación. Ya no imagino: estudio. No trabajo por mi gloria: trabajo por el bien de todos. Mi musa es la verdad, hermosa ó fea; quiero hacer del arte un teorema, de la belleza un libro, de la poesía un inístrumento de cirugía. No quiero vivir como los bardos del Norte, como los trovadores de Provenza, como los bohemios del romanticismo. Quiero vivir en la disciplina cómoda de los abogados con bufete abierto Z. VAv