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NOTAS JAPONESAS A L cerrar las planas de Actualidades en nuestro último número, nos asaltaba el recuerdo de unas proféticas y memorables palabras de Enrique Heine, el menos alemán de todos los tudescos, confirmadas cien veces por escrito y hasta por medio de una estampa famosa que ostenta al pie la firma d e Wilhelm Gerniainiae Jinpcrator. Cuando el referido número vio la luz pública, ya había comenzado la tempestad de porcelana temida por Heine: ya estaba Europa con los cañones de su nación más grande resistiendo el insidioso ataque del peligro amarillo. No es, pues, inoportuno ni resulta fuera de sazón el publicar unas cuantas notas gráficas de la vida japonesa y algunas vistas de sus grandes ciudades, ya que la guerra es el asunto de todas las conversaciones en tertulias, cafés y easaspartieulares. Los japoneses no gozan hasta ahora de las mayores simpatías del respetable público, salvo la excepción de algunos anglómanos furibundos para quienes el Japón es la Inglaterra de Oriente, y que por ella ó por él sienten extraordinarias simpatías. Desde la guerra con China, el Japón ha inquietado grandemente á todos los hombres políticos europeos. En esas islas amenazadas de muerte por erupciones volcánicas ó por sumersión en los mares, y repleta s de habitantes que en pocos años y por artes UN SAMUEAI (ANTIGUO GUERRERO JAPONÉS) casi mágicas se han civilizado, tiene que habitar y criarse aún con mayor acritud que en las islas Británicas el espíritu d agresión y de presa. La guerra con los chinos sirvió para que este espíritu se manifestase en forma práctica, pero aquella forma más injusta y solapada que la presente, no tuvo eficacia ni utilidad para el Japón. Los japo- vlbWil N A MANIFESTACIÓN EN LAS CALLES DE TOIcfo neses h a n aprendido y a que no bastan la valentía ni la ciencia si no van unidas con la astucia y la mala intención. H a n pasado estos últimos años preparándose; han mostrado en las primeras acciones