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LOS CONSEJOS DEL SÁTIRO Junto á una fuente de marmórea taza que el tiempo maltratt) más que ol cincel, Y que la yedra trepadora oculta buscando en los adornos su sostén; bajo el deforme sátiro de piedra de flojo labio y de expresión soez, sus tristes desengaños amorosos lloraba una mujer. ¡Ensueños, esperanzas! Dulces locuras que sentí una vez... no os necesito ya; sólo recuerdos en mi angustiado corazón guardó. No culpo ai que burlándoma me hirió con su desdén, que olvidar la cautela es en nosotras probada insensatez. Culpo al tesón de mi cariño inútil, que consecuente y fiel, responde con sus lágrimas de fuego al trislc olvido del que tanto amc. Galló: turbaron el silencio augusto largo sollozo de enconada hicl y los suaves murmullos que producen las hojas al caer, y en los flexibles álamos donde el viento al llegar gime también, la luz descolorida déla tarde triste y sin fuerza á proyectarse fué. Sobre los bancos rústicos sallaban los gorriones en tropel, y los ecos sus píos estrellaban, (lo la desierta casa en la pared. Do pronto el grave sátiro, mirando á la mujer, tras un bostezo prolongado, dijo: Conservas tu pasión más que tu tez, y mañana tendrás remordimientos. i Pal es el mundo: amar ó aborrecer! Yo, piedra tosca, merecí de un hombre amor, constancia y entusiasmo y fe, micnirás labró con su buril de acero la fealdad horrible que me vos. Cuando sobre este pedestal me izaron, aún me admiró radiante de placer, y para siempre se alejó, y reniega do lo que en tiempos su delicia fue. De esta fuente en las aguas cristalinas mi dura faz se reflejó después. Y se secó la fuente, y olvidado y triste y solo como tú quedé. Las lágrimas estériles que abrasan al caer, se secarán como la fuente; en mármol se trocará tu corazón también, que es el amor que os acaricia el fostró ráfaga que huye para no volver. ¡Oh, hijas de Adánl que en el amor maestraf dais vuestro llanto al que os resulta infiel: no es el posar del abandono infame lo que os hace de amor languidecer. Es que adoráis por cálculo y sistema la ingratitud cruel; es que el instinto, luz de vuestra vida, mentor sublime, os enseñó al nacer que aun siendo la constancia honra del alma, el privilegio de los tontos es. LroPOi. DO LÓPEZ DE SÁA lí c de CouUímt- Vnrcln w 4; f n. m