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y aliora lo quiero. Ya verás cómo acaoa queriéndome mucho. -B- Iuchacha, no seas loca. ¡Si tu primo está enamoradísimo de otra! -Sí; ya lo sé; conozco la historia. ¿La conoces? -De pe á pa. Es toda una novela que él me ha referido, y de la que hablamos todos los días. ¿Qué me dices, hija? -Como que yo soy su confidente. Mi primo es un pobre muchacho, más bueno que el pan y con un corazón de niño. Tiene algo de romántico. Está enamorado de una mujer, de la que solamente conoce la mano; una mano preciosa, eso sí, distinguida, aristocrática, de hermosura sin igual, y por la que está seguro, así lo dice él, de conocerla donde la halle. ¡Qué locura! -Sólo piensa en buscar á la dueña de aquella mano: y le ayudo á buscarla; va verás como la encontramos. ¿Que vais á encontrarla? 17 EN EIv BAII, 3 (seis horas después) ¿M e permites, hermosa m á s c a r a estrechar otra vez esa mano admirable que me tiene hechizado hace tanto tiempo? -Te lo permito como despedida: pero se me figura que para la primera vez hemos hablado lo suficiente, y la broma podrá parecer á mi familia un poco larga. ¿Larga? Para mí ha durado tiu segundo. -Gracias... Pues estrechémonos las manos... y hasta... ¿Hasta cuándo? -Hasta cuando tú quieras. -No te burles, máscara; sería cruel, sería inicuo. Vine enamorado; ahora voy loco... Dime, por Dios, cuándo y dónde podré volver á verte. (Riendo. ¿Dóndei En mi casa. ¿Y quién es? -Pues ¡quién ha de ser! Una amiga mía, muy Intima: yo. -Vamos, Aurora, tú no estás en tu juicio. -Estoy muy cuerda: ya me lo dirás esta noche. ¿Cómo esta noche? -Sí, mamá, esta noche. Porque en ei baile de Escritores y Artistas, al cual vamos á ir tú y yo... ¡Bah! ¡bah! ¡bah! déjame á mí de cuentos y majaderías; ¿yo al baile de máscaras? No lo sueñes siquiera. in EIv PRIMO (dos lloras después) ¿Eh? (Quitándose el antifaz poco ápoco. Mañana; á la hora de costumbre. (Estupefacto. ¡Aurora! ¿Tú? (En voz baja y cariñosa. Sí; yo... que ahora te quiero. -Y yo, yo te adoro. Pero esta mano, esta mano, y no haberme yo fijado en ella hasta ahora... ¡Bah! Las manos de las muchachas se parecen todas. ¡Oh! no; á ésta no se parece ninguna. E s más preciosa que la de mi desconocida. EPÍLOGO (Leyetido. Estimado primo: ÍNIÍ amiga, cediendo á mis reiteradas súplicas, irá esta noche al Real. No sé cómo piensa disfrazarse: no ha querido decírmelo. Sé que no le disgustas, y esto es ya bastante saber. Si, como dices, tienes seguridad de no equivocarte, mira á las plateas, y cuando veas la mano, esa preciosa mano que te vuelve loco, acércate y habla. Serás bien acogido. No puede decirte más tu prima, que te desea buen éxito. -Aurora. siiis MEsiís Dii, spuí; s El r! mo de Aurora tuvo un fin más trágico que el Kebo de Víctor Hugo: se casó... con su prima. A. SÁNCHEZ PÉREZ 1 II? U. I0 S DE E ESTEVAN