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1 EN LA PENDIENTE PASILLO EN VARIOS DIÁLOGOS Y UN MONÓLOnO I n U j r A Y PRIMO jSs -Gracias otra vez. -No ha) d e qué, hombre. ¿Hablamos ó no hablamos como indiferentes el uno al otro? -Ciertamente. Pues como digo, yo no me apresuro á buscar novia, y mi madre lia dado en l a manía de buscármela. Cuando me tiene buscada una á su gusto, no sosiega ha. sta cpie me obliga á declararme. P o hago, como comprendes, de modo que nunca logre ser correspondido; pero esta es una contrariedad constante de la cual es necesario qne tú me libres. ¿Yo? -Sí; tú. ¿De cpié manera? -Vas á saberlo. Tií me has confesado que no estás enamorada de mí, ¿verdad? -Verdad; no lo estoja, á Dios gracias. ¿Ni lo estarás nunca? (Pensándolo iin rato. Me parece que no. -P u e s e m p i e z a f ín vos baja para giic no lo oigan- -Entonces podemos ser amigos. las mamas qne están conversando en otro lado de la sala. ¿Quién lo duda? Muy buenos amigos; como Pero te advierto que si me resigno á escucharte es por no disgustar á mamá, que me lo ha ordenado. hace doce arios lo éramos. -Y hasta aliados. -Principio (en voz baja lanibien, con igual propósi- -A ver, á ver... ¿qué significa eso de aliados? to) pero debo decirte que me encuentro en el mis- -Pues que nos convenimos para decir á nuesmo caso. tra. s madres respectivas que... ¿Cómo? ¿No e, stás enamorado de mí? -Poco á poco; yo á mi madre respectiva, le digo- -No. ¿Tú de mí tampoco? -Tanijioeo. Entonces podemos hablar trancpii- siempre y en todo la verdad; parte de ese principio. 1 amenté. -De decirle la verdad se trata: que no nos- -Es decir, primita, cpie te S 03 antipático. Pa amamos... todavía, ¿eh? y c ue seremos buenos verdad. ¡Oh! no; eso no, primo. Si lo dijera, mentiría; amigos hasta que logremo. s amarnos. De ese modo antipático, no; indiferente nada más. Po c ue su- sin mentir, quedaremos libres por algún tiempo... cede es (jue yo no cpiiero casarme... por ahora, yo, de discurrir declaraciones; tú, de oirías. mas adelante, no digo. jNIamá se ha obstinado en que lia de ser pronto, y no cesa de enviarme preII tendientes. Hasta hoy, tú has sido el único á quien HIJA Y MADRE (tres meses despne s) he oído con gusto. -Pues mi madre, ¡pobre señora! me quiere mu- ¿De veras te lias enamorado de tu primo? chísimo. -Muy de veras, mamá. -Es m u y natural. Pas madres suelen querer- -Pues hemos hecho un pan como unas hostias. mucho á sus liijos, aunque ellos no lo mere xan. ¿Por qué? -Gracias. Mi madre desea también que yo tome- -Porque él no te quiere. e, stado. Yo n o quiero darle gusto en esto... por ra- P u e s por eso me gusta, mamá. ¿Q. ue no me zón es... por razones que para tí no tendrían interés. quiere? ¿Qué me importa? Tampoco lo quería yo, -Absolutamente ninguno. ¿Sabes, primita, qvic desde m; er; tra separación t e has convertido en una mujer eneantadora. ¿Sí? Vaya; será necesario creerlo, ya que tú, modelo de primos írancotes, me lo dices. ¿Y no te lo han dicho otros antes? ¡Bah! Siempre hay un necio que nos diga esas niajaderias. -Gracias, prima. -Ya ves; correspondo á tn franqueza- ¿De modo, que decir á una mujer: es irsted nmy hennosa te parece una tontería? -Me parece, por lo menos, inútil. Si la mujeres fea, porqrie no lo cree; si es bonita, porque ya lo sabe. -Algo habría que decir sobre eso; pero no quiero discutir contigo. iSIe confieso derrotado en toda la línea, y solicito tu venia para hablarte de otra cosa. ¿De amor? -Tú lo has dicho: de eso.