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ir, T í TF, MPLO T 5 DDHISTA EN TOKÍO Da frío ver á ese general y á esos oficiales con uniformes blancos disponer las evoluciones de los blancos infantes y de losblancos caballeros sobre el suelo blanco de nieve. ¡Qué asuntiío para un poeta modernista ó un pintor monocrómico! Y aún causa más encogimiento en el ánimo el considerar que. sean cualesquiera las piadosas intenciones y los cristianos propósitos del zar pacífico, al fin y al cabo, todas esas blancuras h a de salpicarlas cruelmente la sangre. Hace ya mtichos, muchos años que el gran Enrique Heine, contemplando no sé qué tibores chinescos ó lacas japonesas cuajadas de, figuritas, pensaba, con melancólico y hondo presentimiento, en lo que sucedería cuando toda aquella frágil porcelana entrase en tratos con la rudeza y brutalidad de las nacionalidades modernas en la fuerza basadas. Aquel genial presentimiento de Heinc nos ha acudido á la memoria al mirar en fotografía un templo de los alrededores de Tokio y una amable escena familiar á bordo de no sabemos qué embarcación japonesa que surca las aguas verdes de un río pintado cien veces quizás por el insigne Hokusai. ¿Qué será el ver chocar mañana ó pasado, cuando sea, á aquellos gigantes barbudos y vestidos de blanco y á estos seres pequeñitos y frágiles, que en sus caras inexpresivas parecen revelar una felicidad ó una indiferencia nunca alterada. Conocida es la valentía y la civilización nuevecita, recién estrenada, de que hacen alarde los japoneses; pero ¿no creéis ya sentir un ruido inmenso de millones de cacharros rotos... ¿i EMBARCACIÓN FLUVIAL EN LOS ALREDEDORES DE TOKÍO Fotogs. Chusseau- naTicns