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P! t- í ij í Amor y egoísmo ¿Por qué me cierra la puerta el judío de tu padre, cuando te quiero, cliiquilla, lo mismito que a mi madre? (CANTAR) 1 t miró puerGABRIELITA tienda, desde la acera, por laestaba ta de una el reloj que dentro colgado en la pared del fondo. Su carilla diminuta y espléndidamente adornada por pequeña boca y hermosos ojos, exteriorizó disgusto. Eran las ocho, y el cielo derramaba menuda lluvia, tan. pertinaz, que empapaba su descu A bierta cabeza. Modesto mantón ocultaba la esbeltez del talle, no los hilvanes de la costura acabada de rematar, que prendidos á la falda bajaban hasta su término. Para mojarse lo menos posible y evitar que el barro de las calles alterase la blancura de su almidonada enagua, procuraba acercarse á las paredes. Varias veces miró desdeñosamente á unos atrevidos que en la Plaza del Progreso, frente á la fábrica de corsés, exageraron su admiración ante aquel piececito lindamente cubierto por bajos de charol y cartera de becerro. La lluvia continuaba alegrando los árboles y 45 plantas del jardinillo, cuyos retoños estaban -ávidos de que la: madre Naturaleza los nutriera con su fecundo alimento. I a chulilla atravesó con presteza la encharcada aiéna de los senderos del parque y llegó a la acera extrema. Cuando á cruzar se disponía hacia la calle de la Espada, un carro cargado de verduras e interpuso entre ella y la citada vía. Entonces pateó contrariada el suelo, confundiéndose el ruido de su taconeo con el del caer del agua,