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EL REY D E COREA SALIENDO D E SU PALACIO P A R A DIRIGIRSE AL TEMPLO do y asendereado emperador de Corea, á quien, según todas las noticias, no le llega el kimoió al cuerpo; y no decimos la camisa, porque es probado que los coreanos no gastan esa curiosa prenda. El emperador, que debe de ser hombre pacífico, ya está viendo la hora en que rusos ó japoneses le despojan del simbólico bonete de siete picos que gasta el hombre para presentarse en público; 3 sus saladísimos vasallos, que ofrecen la particularidad de llevar encima del gorro un elegante somlDrero cordobés de los que darían golpe en la calle del Osario, tampoco las tienen todas consigo. Como es natural, emperador y subditos acuden á Budha en tan terrible tribulación, y ahí tienen tistedes explicada esa especie de procesión ó mojiganga, en la cual va el emperador, montado eu aparatoso p a l a n q u í n al templo, y seguido de unos cuantos millares d e sombreros Guerrita que cubren cabezas con bigote y perilla. p L o t r o espectáculo es mucho más vulgar. Se trata d i una revi. sta que ha pasado el p r í n c i p e Enrique de Prusia en Berlín á las f u e r z a s militares que iban á embarcar en Kiel para trasladarse al África meridional, d o n d e u n o s señores salvajes llamados los Herreros ó Héreros les han zurrado la badana á los amigos tudescos, posesionados de aquel terriEL P R Í N C I P E ENitlQUE D E PRUSIA INSPECCIONABDO EL CUERPO EXPEDICIONARIO Á ÁFRICA I ots. Gribayedofi t o r i o D Í O S S a b e COn q u é derecho. j