Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
-Y el viudo, entonces... -Se arrepintió, y para enterrarla hizo esta iglesia. Pasaron años, y la familia de la señora no pudo vengarse como quería; y al fin, una vez entraron aquí, cogieron el castillo, quitaron al caballero del lado de svi mujer, picaron el letrero y á él le pusieron... ¿Dónde? -Venga usted. Salimos al pórtico, y á mano derecha vi clavada en el suelo una estatua desfigurada, mugrienta, con los relieves de alabastro roídos como á dentelladas. I os perros del cazador le enseñaban los dientes, amenazándola con el lomo erizado y un ladrido bajo y ronco que declaraba sus intenciones. -En castigo la pusieron aquí, y colgando carne de la estatua, soltaban perros hambrientos para que la mordieran... ¡Así está ella! -Es infernal. Pero ¿y estos perros, que son de ahora... -Todos los años, por la fiesta, vienen los cazadores con sus perros: cuelgan pedazos de carne revueltos en ramos de espinas, y al que mejor sabe coger la presa lo celebran y premian, y así toma más valor. Estos perros se acuerdan de la carne, pero también de los pinchazos. ¡Pues sí que es una bonita historia! A los pocos días hablé con un hombre algo erudito de aquella serranía. -No crea usted nada de eso. Por relación de mí propio abuelo sé que esa estatua la quitaron unos soldados franceses que estaban borrachos. Ellos fueron los que, al evacuarlo, volaron las defensas del castillo, clavaron la estatua en el atrio y hacían saltar los perros; á unos le ponían carne y decían: salta por el Emperador; á otros ponían abrojos, quitando la carne, y gritaban: salta por el príncipe Fernando. De ahí viene que los cazadores hagan lo propio para adiestrar sus perros ese día en que á todos los juntan. En cuanto á la vidriera, tengo para mí que debe representar pasajes de la vida de Santa Genoveva ó de alguna oti -Amigo mío, esa será la historia; aquélla es la leyenda. Por eso vivirá más. Alguna alta razón hay para que unas cosas vivan más que las otra. JOSÉ NOGALES D I B U J O S DE M. S A N T A M A R Í A 4