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-En tiempo de los moros: en eso no se vacila nunca J T P tastillo, con toda la tierra y pueblos que hav en seis le- uas pn redondo eran de un señor... de ese mismo que está retratado en la ventana reaoncto, -E s p e r e usted que vuelva á mirarla. A lo que. se ve, el señor se daba buena vida o W n? y borrachera viene: así que tenía mucho. amio- os noclie uoria chera va i f -P P ó cazar ó andar á la que salta: de ouie, borra- ¡Excelente sujeto! ¡u ¿o verSlted! y TM 1110, que estaba en un cerro que- -Se enamoró, la pidió... Lo que es consiguiente. ¿Enamorarse? ¡Sí, sí! Ee entraron ganas de quedarse con los dos castillos y con los dos términos Eos ricos no se contentan nunca con lo que tienen cernimos. Aá lir tampoco: de modo que, en nacer, en morir y en no contentarse, somos todos iguales. ricTá íf IT. AI r palabritas y mejores regalos y variando de vida, hasta que enamon f o t f vecino, la cual, para que diga usted sí valía ó no valía, ahí la tiene usted v eso que estaba muerta cuando la hicieron el bulto. t i.i -uc utaieu, y e. so- j E s a? ¿Ea del sepulcro? Verdaderamente: es la imagen fiel de la rica- hembra i- 7 hT T 1 tuvo al son que quería, y unos y otros conformes en el casamiento, salió el cabañero con la gaita de que le diesen por dote el castillo con sus tierras y pueblos, y que si no cada uno en su casa y Dios en la de todos. Total, que todo se descompuso dr lr. TJ fl? P í 1 y atar al burlador. Por fin, éste pensó que el padre era ya viejo y no andaba muy sano, y que teniendo él á la hija por prenda, todo vendría á se? á medida de su deseo; se dió á partido, y se casaron. Ya con su mujer aquí, volvió á sus comilonas á? o t t í y -aS ería. s, y atormentaba á la inocente para que su padre soltase el c a s t X El vitío lo supo y j u r o que el sí que vendría á quitarle el suvo y con él su hija i viejo L Tal rabia le entro al caballero, que durante una c e n a- l a que está allí p i n t a d a- q u i s o que su propia mujer bailasedelante de los amigos y los divirtiese como si fuese una mujercilla de tres al cuarto Ella se avergonzó y dyc que primero se la comían los perros. ¿Sí? pues ¡carne á los p e r r o s i -d i i o ei señor, que ya estaba a tres luces- -porque sino, no hay hombre en el mundo que piense cosa semejant e- y mando que la arrancasen los vestidos, la untaran con sangre de ciervo y la soltasen los perros Vea usted como la pobre señora va huyendo por el robledar y los perros la siguen, como fieras que trí! í V T la desgraciada, y como santa, que era la Virgen la esperó con lo. brazos tendidos para llevarla al cielo, donde nos aguarde muchos aao. i o i