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Slanaa, pausada, silenoiosa y ¡evs, sobre el dormido eampo solihrio ua extendiendo ¡a nieve los pliegues de su fúnebre sudario. Jío sé qué inexpliaable senfímienfo mi pecho melanaóliao oonmueae cuando desde e! balcón ds mi aposenío miro bajar sus copos virginales que vienen, impulsados por el víenío, á chocar sin rumor en los erlsfales húmedos y empañados por mi aliento, ó que con tembloroso movimiento ai descender, cual pájaros heridos, en el aire vacilan y aletean; en tanto que los campos ateridos pausadamente y sin cesar blanquean, igual que si del vuelo fatigada, en el llano, en los valles y en las lomas se hubiera detenido una bandada compuesta de millares ds palomas. Sstá blanca la tierra y blanco el cielo; oculto el sol tras el tupido velo, cuya sutil y complicada trama amortigua sus pálidos fulgores, funde en un tono la vistosa gama de matices, cambiantes y colores: y su luz melancólica y difusa, al irradiar sobre la blanca alfombra que cubre el suelo, y en la cual no acusa el contorno, el relieve ni la sombra, es cual fúnebre lámpara expirante, cuyo fulgor dudoso y vacilante par igual sobre el mármol se derrama, al pasar tamizado por el grueso cristal esmerilado que oculta hasta la forma de la llama. S) el triste dis, cual de Snero breve, el resplandor escaso dijérase que recogió la nieve, pues cuando el sol oculto, en el ocaso se hunde por fin, cuando la sombra obscura sorbe sus rayos, y la noche cierra, y reinan las tinieblas en la altura, con persistente claridad aún dura prolongado el crepúsculo en la tierra. Ha el sol de la mañana, penetrando al través de los húmedos cristales me despierta anunciando que el mundo con placer vuelve á la vida; ya por los vivos rayos matinales ablandada y fundida, de faroles, aleros y canales, la nieve sin cesar fluye y gotea, y al caer sobre los sucios barrizales, con sonoro tic tac repiquetea, ¿la hinchiendo el cauce el- turbulento rio, cuyo caudal acrecentó el deshielo, suena al correr con desusado brío. Va al ser por los fulgores del sol triunfante rota y desgarrada la neblina tenaz, recobra el suelo sus borrados matices y colores. Jfa todo es luz, bullicio y alegría, porque sin duda, al despuntar el di cuando aún, indiferente y descuidada, la perezosa capital dormía, al ver- azul y despejado el cielo, el bando de blanquísimas palomas que se posó en los valles y en las lomas, batió las alas, remontando el vuelo. Manuel DIBUJO DE V Á R E L A de