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BOCETO DE MANCHURIA yerión y ienos iente i. ebre, ajado tal la í, que o suD lie- I or el spalCuan, liclii- i ti, o. u. j o, uci ui Liupas internacionales, y en cuyas estrechas calles, por la mañana, procurando zafarme de toscas carretas indígenas y recuas de pardos y velludos camellos, había estado codeándome con tártaros hirsutos, mongoles de avieso mirar, celestes parlanchines y graves coreanos envueltos en blancos ropajes y cubiertos de sombreros anchurosos. Pero á pesar del lejano rumor, no pensaba yo en Shanhai- Kuan. Pensaba en la Manchuria nevada y desierta teatro reciente de tanta desolación causada por la lucha entre dos opuestas civilizaciones: la moderna occidental y la antiquísima y ai parecer inmutable del Imperio chino. Y pensaba en el posible despertar de toda la amarilla gente; en nuevas innumerables hordas gengiskánica. -armadas con fusiles de repetición, que pudieran invadir á la aterrada Europa... Caia la tarde. Graznando por cima cic mí pasaron bandadas de cuervos, gordos de la pitanza de boxers muertos á tiros. Y los cuervos fueron á posarse gravemente sobre el sinnúmero de chinescas tumbas cónicas que, como lobanillos, salpicaban la campiña nivea... Disturbólos un rum- rum de carretas que p a s a b a n Era un convoy de alertas y menudos soldados japoneses. De pronto el convoy se hizo á un lado, y á lo largo de él pasó á escape una troika, arrastrada por tres V los cuervos se echaron á volar, graznando como si previeran otra repapilante ración de muertos. Luis VADERA